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BRADLEY COOPER rompe el silencio sobre la cirugía estética

Bradley Cooper acaba de entrar oficialmente en el club de celebridades obligadas a aclarar —en voz alta— que su cara sigue siendo su cara. En el episodio del 5 de enero del podcast SmartLess, el actor abordó por primera vez los rumores de cirugía estética que llevan semanas circulando online, alimentados por doctores opinólogos, pantallazos borrosos y usuarios con complejo de cirujano plástico.


 

Cooper estaba ahí para hablar de Is This Thing On?, su nuevo proyecto como director, pero la conversación tomó el desvío inevitable: su rostro. Fue Will Arnett quien lo puso sobre la mesa sin rodeos, recordando cómo cada vez más gente “está convencida” de que Bradley se ha retocado la parte superior de la cara. Spoiler: no.

 

“No”, zanjó Cooper. Lo único que ha cambiado, según él, es que últimamente la gente se le acerca para decirle que “se ve bien”, como si eso fuera prueba de algo quirúrgico. Arnett, visiblemente molesto, fue más directo: la obsesión colectiva con saber qué se ha hecho (o no) cada famoso es simplemente bullshit.

 

El caso Cooper no es excepcional: es síntoma. En la era del zoom facial, los algoritmos y el antes/después compulsivo, envejecer —o no hacerlo lo suficientemente rápido— se ha convertido en un escándalo público. Cada arruga, cada párpado, cada cambio de luz se analiza como si fuera evidencia forense.

 

Hollywood sigue negociando su relación con el cuerpo en público. Y Bradley Cooper, queriéndolo o no, acaba de confirmar una verdad incómoda: hoy, no tocarte la cara también necesita explicación.

 

Bienvenidos a la era donde el aging natural es el verdadero plot twist.

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