top of page
LOGO FONDO BLANCO.jpg

COVER STORY w/ AITOR RUIBAL: “Todavía existe bastante homofobia en el fútbol”


El fútbol lleva décadas vendiendo el mismo personaje: fuerza, silencio, testosterona y pocas preguntas incómodas. Luego aparece Aitor Ruibal (22 de marzo de 1996 en Sant Feliu de Llobregat, España) pintándose las uñas, hablando sin filtros de salud mental y preguntando en voz alta algo que, sorprendentemente, todavía incomoda dentro del deporte: ¿por qué debería importarle a alguien a quién ama otra persona?

 

Ruibal no encaja demasiado bien en el molde clásico del futbolista. Viene de un pueblo de apenas 6.000 habitantes en Sant Feliu de Llobregat, creció soñando con llegar a la élite y acabó encontrando algo más complejo que la gloria deportiva: presión, exposición constante y una industria que a veces espera que los jugadores hablen solo con los pies. Él, en cambio, habla también con la cabeza.

 

Dentro del campo es pura garra. Fuera, es otra cosa: un tipo reflexivo que piensa demasiado en el futuro, que se imagina volviendo a su pueblo para montar una escuela de fútbol, que habla abiertamente de terapia y que reconoce que la fama le pesa más de lo que mucha gente cree.

 

“No entiendo por qué importa a quién quiera amar alguien”

 

BEYOND LABELS

 

“Mi cabeza es una bomba cuando pienso en el futuro porque no sé lo que pasará”

 


¿Quién es Aitor?

 

Un hombre de casi 30 años que es jugador profesional de fútbol y ahora mismo juega en el Real Betis Balompié siendo uno de los capitanes. Un chico humilde, de familia humilde, de un pueblecito de Sant Feliu de Llobregat.

 

¿Cuándo supiste que querías ser futbolista?

 

Bueno, desde bien chiquitito. Me gustaba muchísimo. Me apuntaron mis padres cuando era casi un bebé, todavía no podía competir y jugaba con niños mucho más grandes. Desde ese momento soñé con llegar a la élite.

 


¿Cómo ves tu futuro después de que acabe tu carrera como futbolista? ¿Dónde lo ves?

 

La verdad es que no lo pienso. Mi cabeza da muchas vueltas. Pienso muchas veces en volver al pueblo, otras en quedarme en Sevilla. Ahora mismo, si mañana me tuviese que retirar, me gustaría irme al pueblo. Quiero montar una escuela de fútbol allí. Somos solo 6000 habitantes, pero hay mucha afición. Seguiré ligado al fútbol porque ha sido mi vida prácticamente siempre. Pero también tengo muchas inquietudes. Quiero estudiar, dedicar parte de mi vida a las redes sociales y a la moda. Incluso te diría que me encantaría ser actor algún día, aunque sea por probar. Mi cabeza es una bomba cuando pienso en el futuro porque no sé lo que pasará.

 

Transmites intensidad y carácter. ¿Qué parte de tu personalidad define mejor tu forma de jugar?

 

Mi garra. La energía que transmito a mis compañeros. Eso define bastante lo que soy yo. Aunque luego fuera del campo sea bastante diferente. Mi carácter, mi energía, mi garra de no dar nunca nada por perdido. El fútbol es un deporte de equipo y muchas veces no depende todo de una persona, pero esa energía y esa lucha sí me representan.

 

Jugar en el Betis significa estar en uno de los clubes con una de las aficiones más pasionales de la liga española. ¿Cómo se vive desde dentro?

 

Es increíble. Tener a tanta gente que te sigue a todos lados. No solo en Sevilla, vas a cualquier parte del mundo y siempre hay béticos. Es algo único, algo que realmente tienes que vivir para poder explicarlo. Es muy sentimental. Yo no crecí siendo del Betis porque no soy de aquí, pero llegué hace diez años y la pasión me atrapó. Creo que voy a ser bético toda mi vida. Ahora intento inculcar un poco esos valores a mi hijo, aunque todavía es muy pequeño.

 


¿Cómo se vive la presión de una afición tan pasional cuando las cosas no van bien?

 

Hay mucha gente cuyo estado de ánimo depende de si su equipo gana o pierde. Y eso genera una responsabilidad muy grande. Ahora que soy capitán todavía más. Si perdemos o no hacemos un buen partido lo paso mal varios días, pero como profesionales tenemos que levantarnos rápido porque en tres días hay otro partido.

 

Cuando sales por el túnel de vestuarios del Benito Villamarín antes de empezar un partido, ¿qué pasa por tu cabeza?

 

Siempre pienso en mi abuelo. Siempre. Él fue quien me inculcó el deporte. Me llevaba a todos los entrenamientos y partidos. Mi madre cuando podía también, pero quien siempre estaba ahí era él. Siempre le doy las gracias y le pido ayuda para que esté conmigo ese partido, que me dé suerte, que me proteja. Ojalá pudiera vivirlo en persona.

 

¿Con quién te gustaría que te comparasen?

 

No me gusta que me comparen con nadie, pero sí he tenido ídolos. Desde pequeño me gustaba mucho Luis Enrique por su garra, por sus ganas de luchar en los partidos. Si me tuviesen que comparar con alguien, ojalá fuera con él, aunque son palabras mayores.

 


¿Has querido dejarlo en algún momento?

 

Sí, en varios. El fútbol es muy emocional. Cuando pierdes quieres que todo acabe. A veces hablo con mi gente cercana, con mi representante, con mi psicólogo, y pienso que no aguanto más. Pero a los cinco minutos ya quiero seguir. El 95% del deportista es competitivo y quiere ganar siempre. Cuando no llega esa recompensa después de entrenar toda la semana, duele mucho. El momento más duro fue cuando salí de juveniles y no tenía equipo. Ahí me pregunté qué quería hacer con mi vida. Había estudiado poco, no había trabajado casi de nada. Solo de camarero los fines de semana por 30 euros. Tuve suerte de ir al Hospitalet, hacer unos meses buenos y que me fichara el filial del Betis. Ese fue el momento clave.

 

¿Cuál ha sido la crítica más dura que has recibido?

 

Si hablamos de redes sociales, casi todas las semanas. Si no juegas un partidazo tienes críticas. Por eso dejé Twitter hace un par de años. Me estaba afectando mentalmente. Es imposible gustar a todo el mundo. Cuando lees comentarios diciendo que no sirves para primera división, afecta.

 

Resúmeme tu vida en una palabra.

 

Privilegio.


 

¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

 

En la final de la Conference League la temporada pasada.

 

Cuando conoces a una persona, ¿qué valores te importan más?

 

La sinceridad. Que sea uno mismo conmigo. Que no actúe diferente porque yo sea futbolista. Me siento más cómodo cuando la gente no sabe quién soy.

 


Fama o dinero.

 

Dinero. Si pudiera quitar la fama a veces lo haría. Tiene cosas bonitas, como cuando un niño te pide una foto con ilusión, pero también tiene que haber límites.

 

¿Cuál es tu mayor miedo?

 

Que le pase algo a mi hijo.

 

El fútbol ha estado ligado a estereotipos de masculinidad. ¿Crees que está cambiando en los vestuarios?

 

En algunos sí y en otros no. Yo, por ejemplo, nunca he tenido críticas de compañeros por pintarme las uñas o por llevar bolso. Creo que muchos piensan igual, aunque no se expongan.

 


¿El fútbol es homófobo?

 

No me gusta generalizar. Pero sí creo que todavía existe bastante homofobia en el fútbol.

 


¿Crees que los discursos de jugadores como tú o Borja Iglesias ayudan a normalizar la situación?

 

Sí. Por eso acepto participar en campañas como la hice con Movistar Plus sobre la serie Heated Rivalry. No lo hago por dinero, lo hago porque creo que la sociedad tiene que avanzar. No entiendo por qué importa a quién quiera amar alguien.

 

¿Qué tipo de referentes necesita la próxima generación de futbolistas?

 

Referentes que hablen, que opinen y que digan lo que sienten. Gente profesional dentro del campo y valiente fuera de él.

 


¿Hay alguna causa social en la que te gustaría involucrarte más?

 

La protección animal. He colaborado mucho con protectoras. Me gustaría ayudar mucho más.

 

La masculinidad tóxica es…

 

Una puta mierda.


 

TEAM

Talent @aitorrg9

Photographer @adrian_nucelaar

Photo Ass @viictorgm_

Stylist @antoniohard1

GROOMING @martaalonso_98

Video @fiorela_basurto

Editor in Chief @pabloaragon

 

THANKS TO

@dizaconsultoresinmobiliarios

@958.wip

@jfvallejo

 

Comentarios


LOGO FONDO BLANCO.jpg
bottom of page