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  • Redacción Folie

HEARTSTOPPER o cómo el amor adolescente LGTBIQ+ se hace con NETFLIX

La adaptación de la novela gráfica de Alice Oseman, Heartstopper, enamora a crítica y público gracias a la sencillez y profundidad de una historia de amor sin etiquetas.

¿Sabes ese momento que acabas el último episodio de una serie de Netflix y esta te recomienda una serie que cree que te puede gustar? Pues justo en ese momento le das las gracias al algoritmo de Netflix por enseñarte que hay una master piece que desconocías.


Te topas sin previo aviso con una serie adolescente pensando que va a ser otra más para el almacén de series absurdas que ver cuando estás deprimido y te sientes demasiado mayor, una depresión prematura de los cuarenta, pero jamás creíste que la honestidad, la sensibilidad y la ternura de Hearstopper podía arrasar con todo tu ser. Una historia plagada de diálogos educativos que captan al espectador de la generación Z y dotan de armas psicológicos a aquellos no pertenecientes a esta.

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Comienza con Charlie (Joe Locke), un estudiante que está fuera del armario y que intenta superar las secuelas de haber sufrido bullying en los pasillos, junto a él 3 amigos de lo más variopintos y un novio que no quiere ser tal, Ben (Sebastian Croft). Ben actúa en público como si no conociese a Charlie. Pero en el primer episodio ya las cosas cambian y Charlie conoce al chico de sus sueños, Nick (Kit Connor), con quién se sentará en una clase. Allí comparten risas y miradas que van algo más allá de la amistad.


Frente a este inicio de historia de amor, Charlie se plantea cientos de preguntas. ¿Nick es heterosexual? ¿Es merecedor del amor? ¿Vivirá siempre en torno a hombres en un armario? Todas estas preguntas las desgrana Alice Oseman con una exquisitez absoluta mostrándonos también los vínculos que se forjan en la adolescencia, las conexiones espontáneas y los ojos centelleantes buscando cobijo. Charlie, un ser de luz que se ha visto herido acude siempre a Nick como alma transformadora. Un amor tímido latente que quiere volar. En el transcurso habrá muchos: ¿le cojo o no le cojo de la mano? Todo ello deja entrever lo dañados que están los personajes por una sociedad corrompida. En definitiva, una clara muestra de las desventajas de ser un incomprendido. Un escenario que nos deja con el corazón rasgado.

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Cabe destacar también el buen gusto del director Euros Lyn de mantener cierta estética de cómic con las hojas, la representación de la electricidad de los personajes, los corazones en el aire y con la búsqueda de actuaciones naturales. Que eso si cabe te transporta directamente a tu primer amor.


Ver Heartstopper hace que el corazón se nos pare y que debemos darle las gracias a Netflix de vez en cuando por crear joyas como esta.