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JUNYA WATANABE x CAMPERLAB: Entre la sombra y el glitter

El primer capítulo de Junya Watanabe con CAMPERLAB no es una colaboración: es un desdoblamiento. Dos siluetas, dos pulsiones, dos versiones de ti mismo que no terminan de reconciliarse.

 


La primera apareció en pasarela como si nada —una de esas sneakers que parecen normales hasta que te miran de vuelta—. La Tossu, un organismo híbrido entre calcetín técnico y exoesqueleto escultórico, envuelto en negro disciplinado. Minimalismo oscuro. Silencio. Control. El típico gesto de Watanabe: coger algo raro y hacerlo aún más preciso, más contenido, más inquietante.

 

La segunda pieza llega como una ruptura elegante: la MIL 1978. Un derby clásico, casi aburrido… hasta que no. Porque aquí el negro no es sobrio, es brillante. Literalmente. Glitter aplicado a mano sobre la superficie, como si alguien hubiera decidido sabotear la formalidad desde dentro. Cada par, distinto. Cada par, ligeramente imperfecto. Cada par, más vivo que el anterior.

 

Y ahí está el choque. La sneaker que quiere desaparecer. El zapato que exige ser visto. Función versus exceso. Contención versus espectáculo. Dos lobos, mismo armario.

 

En el universo de Watanabe, lo técnico nunca es solo técnico y lo clásico nunca se queda quieto. Todo se tensiona, se retuerce, se redefine. Y Camper, con su línea mutante, entiende perfectamente el juego: tradición que se deforma hasta volverse otra cosa.

 

La colección debuta a finales de mes con la MIL 1978, seguida de la Tossu en marzo.

 

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