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  • Redacción Folie

SAINT LAURENT, una noche en el desierto

El desierto de Marruecos ha sido el escenario perfecto para hacer el desfile de la colección masculina SS23 de Saint Laurent.

Marrakech siempre fue el lugar predilecto del icónico diseñador Yves Saint Laurent. Allí pasaba largas temporadas cuando la creatividad no estaba en su punto más álgido. Allí diseñaba sus colecciones a mano, entretenía a su círculo de bohemios de la jet set en una decadente nube de hachís y cultivaba con cariño la más exquisita colección de arte y mobiliario africano y de Oriente Medio. Marruecos se convirtió en una especie de patria y el amor era mutuo: hoy en día hay una calle con su nombre en el casco antiguo de la ciudad, un museo entero dedicado a su obra, y los históricos Jardines Majorelle, que él y Pierre conservaron, son una de las atracciones más visitadas de la ciudad.


En honor a estas tierras que adoptaron al argelino, Anthony Vaccarello nos mostró una colección espectacular que navegó sobre mares de arena. Todo fluyó a las maravillas, gracias en parte al trabajo del artista y escenógrafo británico Es Devlin, que diseñó el anfiteatro de espejos, los asientos de color rojo oscuro para reflejar la arquitectura de Marrakech, y el estanque circular de agua del que emergía un anillo gigante de luz como la activación del Stargate. El espectáculo comenzó con la puesta de sol entre nubes oscuras y terminó con ráfagas de viento en el cielo nocturno. Un momento irrepetible que ni hecho adrede serían capaces de recrear.

Un desfile que mostró una ironía clara… ¿Un abrigo de piel en un desierto en unas botas de tacón? ¿En serio? Claramente es un ejemplo de que el mundo ya no es como lo conocemos y que el cambio climático es imprevisible y puede hacer mella en la naturaleza más de lo que pensamos.


Anthony quiso evitar todos los clichés que conlleva un desfile de Saint Laurent en Marrakech: Optó por reflexionar sobre su propia juventud malgastada a principios de la década de 2000: "por primera vez, mi colección más personal. Era la forma en que me vestía en el año 2000", dice sobre las camisas de seda, predominantemente negras y ligeramente gamberras, y la esbelta sastrería. "Era un look que me encantaba, y quería recrear ese espíritu; lo echaba de menos"



Los 50 looks fueron una clase magistral de contención, la nueva elegancia a la que nos tiene acostumbrada Saint Laurent donde el hombre viene regido por la combinación de blusas tradicionalmente femeninas con pantalones de cintura alta. Deja de lado el concepto "fluidez". Anthony prefiere la palabra "disolver". Ha probado a experimentar, a darle la vuelta a los constructos sociales. En definitiva, la ropa es ropa. Un tacón de aguja o un abrigo de lana no deberían tener género.


Al fin y al cabo, estamos hablando de Saint Laurent y en cuanto a la deconstrucción de género saben un rato. Vaccarello simplemente ha reformulado a la inversa el savoir faire de Yves. Ha pasado de “le smoking” a “la mousseline de soie” en un abrir y cerrar de ojos. Si Yves animó a una generación de mujeres a llevar pantalones, Anthony quiere hacer lo mismo con los hombres y con las blusas de gasa.