INTERVIEW w/ MISS CAFFEINA: “Hay que abrir la boca cuando toca, y callar cuando tienes que aprender”
- Pablo Aragón Blanco

- 30 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Miss Caffeina vuelve como vuelven los fenómenos meteorológicos que no respetan calendario: sin previo aviso, sin suavizar el impacto, sin pedir perdón por la devastación. Regresan con BUENASUERTE después de una temporada emocional que les dejó la piel fina, los huesos fríos y la mirada más honesta que nunca. “Estamos más cerca que nunca de quienes realmente somos”, dicen, y no hace falta que lo expliquen: se reconoce en la manera en que se sientan, en cómo hablan, en ese brillo cansado que solo tiene quien ha atravesado algo y ha decidido contarlo sin filtros.
Cada disco para ellos es una muda, una especie de renacimiento a golpes. Pero esta vez lo que abandonan no es solo una estética o un sonido, sino un duelo entero. “Este disco habla de las fases del duelo. De una ruptura. Lo compusimos mientras lo vivíamos”, confiesan. Y Buena Suerte respira exactamente eso: la punzada, la rabia tibia, la renuncia lenta, el desorden emocional que te obliga a rehacer tus propios cimientos. No es un álbum conceptual, pero acabó siéndolo. No por diseño, sino por necesidad.
Dicen que el concepto del disco podría resumirse en una palabra: intemperie. “Intemperie. Algo que te arrasa y te obliga a recomponerte”, explican. Y al escucharlo, uno entiende que la palabra no es metáfora, sino diagnóstico. Las canciones no buscan acompañar: buscan exponer. No te consuelan, te muestran dónde estás roto. No acolchan, cortan. Pero en esa herida también hay claridad, porque a veces solo se ve bien cuando algo duele.
Pueden grabar con Ana Torroja y, a las pocas semanas, tocar en una carpa de fiestas patronales donde huele a resentimiento. “Un día estábamos grabando con Ana Torroja y semanas después tocábamos entre dos orquestas, con gente borracha tirándonos cosas”, recuerdan entre risas resignadas. Podría sonar a chiste, pero es parte de su biografía emocional. Del mismo escenario habían salido insultos: “Lo más heavy fue que nos llamaran maricas en plan despectivo”, admiten con esa mezcla de ironía y hartazgo que deja el tiempo.

Pero lejos de convertirse en una herida abierta, aquella violencia se transformó en gasolina. En una reafirmación. En un compromiso. No hacia la militancia impostada, sino hacia la honestidad. Hablan cuando toca hablar y callan cuando saben que necesitan aprender. “Hay que abrir la boca cuando toca, y callar cuando tienes que aprender”, dicen. Y esa ética —imperfecta, humana— late en el disco, en sus entrevistas, en su forma de habitar el escenario.
INTEMPERIE, IDENTIDAD Y UNA BUENASUERTE QUE ARDE
El amor, sin embargo, es lo que les mantiene. No un amor romántico de manual, sino un amor amplio: amigos, parejas, familia elegida, afectos pequeños que sostienen más que cualquier gira. “Nos hace felices el amor en todas sus formas y la tranquilidad emocional”, dicen. Y BUENASUERTE es también eso: una búsqueda desesperada y hermosa de una calma que todavía no termina de llegar.
Cuando hablan de lo que no repetirían jamás, no titubean. “Casarme”, sueltan, con esa mezcla perfecta de humor y sinceridad. Y luego, más serios: “Montar una banda… depende”. No es renuncia ni arrepentimiento: es perspectiva. La lucidez de quien ha sobrevivido a giras, rupturas, excesos, decisiones buenas, malas y regulares. La lucidez del que ya no idealiza nada.
Tienen su propio mapa del éxito. Y no coincide con el que enseña la industria. “Fracaso es no haberlo intentado”, dicen, sin grandilocuencia. “Éxito es vivir de la música honestamente durante años y mantener la tranquilidad personal”. No buscan trofeos: buscan coherencia. Y, sobre todo, un margen de libertad. Para elegir, para equivocarse, para no repetir lo que les hizo daño.
BUENASUERTE es un disco que no pretende caer bien. No nació para eso. Nació para contar una verdad. La suya. Una verdad rota, luminosa, áspera, profundamente humana. Un temporal que no acaricia: desinfecta. Un álbum que reconstruye a la vez que expone. Que incomoda mientras libera. Y al final, lo que queda es su frase más honesta, la que podría haber titulado todo este capítulo vital: “Lo que arde también ilumina”.











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