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JULIA ROBERTS pensó que NOTTING HILL era “la idea más estúpida del mundo”

Julia Roberts estuvo a punto de decir que no a Notting Hill. Sí, esa Notting Hill. La del flequillo de Hugh Grant. La de la puerta azul. La del “solo soy una chica”.


 

En una entrevista reciente con Deadline, la actriz confesó que su reacción inicial al proyecto, a finales de los 90, fue todo menos romántica.

 

“La idea más estúpida de cualquier película que podría hacer”, pensó. Interpretar a una actriz famosa cuando ya lo era en la vida real sonaba innecesario, incómodo y peligrosamente meta. O, como ella misma lo resumió sin filtro: “jodidamente estúpido”.

 

Todo dio un giro cuando leyó el guion de Richard Curtis. Lo que parecía una mala idea empezó a revelar otra cosa: ingenio, encanto y ese humor británico que entra suave pero se queda. “Lo leí y pensé: ‘Oh, m*erda’”, recordó. “‘Esto es gracioso. Esto es encantador’”. Aun así, no estaba del todo convencida. Su plan era declinar con educación. En persona. Con clase. Como una adulta responsable.

 

Pero entonces llegó la comida. Roberts se reunió con Curtis, el productor Duncan Kenworthy y el director Roger Michell. Lo que iba a ser un adiós elegante terminó siendo un sí inevitable.

 

“Eran tan encantadores, tan dulces, tan divertidos”, contó. “Y pensé: ‘Wow. Esto realmente va a pasar’”. Y pasó.

 

Notting Hill se convirtió en una de las películas más taquilleras de 1999, un pilar absoluto de la comedia romántica y una referencia cultural permanente para librerías, calles londinenses y corazones ligeramente indisponibles. También le valió a Roberts una nominación al Globo de Oro.

 

Mirando atrás, solo hay amor. “Fue una experiencia preciosa”, dijo. “El casting fue perfecto. Todo el mundo. Y Roger creó la película de una forma que, en cada giro, funcionaba”.

 

 

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