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  • Paula Polizzotto

Los directores del lujo: ¿es real el esfuerzo de la moda por una industria más inclusiva?


BOTTEGA VENETA


Durante la pandemia, la industria de la moda prometió cambiar. La falta de diversidad es, desde siempre, una de sus caras más controvertidas. Que hasta hace relativamente poco las maquilladoras de desfiles no contaran con cosméticos específicos para pieles negras, es un síntoma. Que Gucci tuviera que disculparse en 2019 tras lanzar un suéter balaclava que imitaba la figura de una persona negra, o que H&M, un año antes, retirara de su tienda online la imagen de un niño negro con una sudadera que exclamaba ‘Coolest monkey in jungle’ (El mono más guay de la jungla), son señales de que algo va mal, o al menos que las promesas de la industria por una mayor diversidad finalmente se quedan en eso, en promesas.


WILLY VANDERPERRE

Uno de los últimos tronos lo ha ocupado Matthieu Blazy como director creativo de Bottega Veneta, sucediendo a Daniel Lee tras tres años en el cargo. Un cambio de rumbo que aparece cuando la firma se encuentra en su clímax creativo -el New Bottega llegó a llamarse-, con piezas emblemáticas que Lee popularizó, como el bolso pouch, las sandalias trenzadas o las botas de goma. Ahora, Blazy, parisino de 37 años, entra con un currículum envidiable: además de haber sido la mano derecha de Lee como director de diseño desde 2020, ha pasado por los talleres de Raf Simons, Maison Margiela, Celine o Calvin Klein. Pero la pregunta, más allá de su talento para dirigir la prestigiosa maison, es por qué Kering, el grupo de lujo dueño de la casa, ha apostado (otra vez) por un diseñador blanco. Una vez más que las altas esferas de la moda privan a diseñadores negros de poder acceder a un puesto creativo de tal calibre.



Tras las manifestaciones del Black Lives Matter el año pasado, que coincidieron en el tiempo con el confinamiento, aparentemente la industria realizó introspección tras un cambio drástico de valores en la sociedad. Pero, ¿realmente existe mayor concienciación por romper con el prototipo de hombre-blanco-europeo al frente de las grandes maisons? ¿Cómo es posible saberlo?


Por una parte la industria sí practica la apropiación de la cultura negra en la moda como pasa con el hip-hop, las sneakers o el streetwear. Por otra, el equipo entero de Virgil Abloh en Off-White, es blanco -en 2019 revelaba una foto en Instagram y la gente no tardó en notar la ausencia de diversidad-. El problema radica en la falta de oportunidades para los diseñadores negros de empezar desde abajo, pues cuando un director creativo deja el mando, el talento suele buscarse desde dentro porque, en teoría, es más fácil dar con un candidato que entienda los códigos de la firma para que la transición de un apellido a otro sea más fácil.


Romper con los estándares de belleza europea no es fácil. Alejarse del estereotipo de ‘chica de pelo largo y ojos claros’ en las pasarelas y campañas publicitarias supuso un largo camino para las firmas. Pero realmente, no tuvieron opción. En el cosmos impenetrable de los directores creativos, sucede lo mismo. Es posible que los altos ejecutivos que contratan a los diseñadores al mando, se muevan por la idea de que un creativo blanco entiende mejor la cultura europea por haber nacido en ella, o que, simplemente, de cara al cliente, resulta más aspiracional tener objetos diseñados por un hombre blanco que por uno negro. Jerarquías que nunca han sido sutiles en el mundo de la moda. Probablemente por razones históricas como el dominio de la raza blanca en las monarquías europeas, que hasta la Revolución Francesa ejercían como únicos dictadores de la moda, y posteriormente, el establecimiento del diseñador de moda como artista.



La entronización de la belleza blanca como única válida viene de lejos, pero igual de anclada sigue la industria en ciertos terrenos. Son las casas y los holdings de lujo los que tienen el poder de dar la oportunidad a jóvenes de color de entrar en contacto con una gran firma, de salir de esa posición en la que , la mayor parte del tiempo, se los ve como símbolos o referentes culturales, pero no les deja espacio para acceder a las altas esferas creativas, y por supuesto, dirigirlas. Las barreras para las personas negras en el sector del lujo son invisibles, pero existen. De hecho, en la mayoría de casos, optan por crear firmas propias para ser ellos quienes estén al mando, algunas veces también influenciados por un sentimiento de no pertenencia entre tanto colega blanco.


En moda, dar pasos adelante es complicado. Y cuando se dan, suelen ser forzados o porque los candidatos son lo suficientemente famosos como para que la maison no asuma riesgos. En 2017 Gucci colabora con un modisto de Harlem, Dapper Dan, en una colección cápsula y el conglomerado LVMH nombra por primera vez en 2019 a una mujer afroamericana como directora creativa de una de sus firmas, Rihanna para Fenty.


DAPPER DAN FOR GUCCI

Aunque las firmas se escuden en que es más fácil mantener “la herencia y lo códigos” buscando nuevos directores en los propios talleres de la casa, los talentos externos, diferentes y con nuevas perspectivas son necesarios. El trabajo de un director creativo ya no se limita solo a diseñar colecciones; ahora se les pide que construyan una visión global de la firma, es decir, captar el momento cultural para crear un lenguaje nuevo que llegue a los consumidores. Por suerte, las emociones de la industria se están revolviendo y ya no adoramos todo lo que la industria imponga. Ahora cuestionamos, probablemente motivados por estar cansados de que los que diseñen la cultura estén cortados, casi todos, por el mismo patrón.