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  • Pablo Aragón Blanco

#SPEAK UP: Habla por los que no pueden hacerlo

¿Por qué se acallan los abusos sexuales masculinos? ¿Hay una ley del silencio que oprime a la víctima? ¿Los medios de comunicación han censurado este debate? Preguntas esperando respuesta.

ILUSTRACIÓN PETITA LECHATROSE

No paro de escuchar la importancia de tener una voz. Una voz que sea capaz de gritar ante las injusticias, de llevar el discurso a otro nivel. A veces, lucho contra ese imperativo deseo de ser una de esas voces que se plantan con un megáfono o en un directo de Tik Tok para decir con todas las letras: Yo también sufrí un abuso sexual. Pero no soy tan valiente como para enfrentarme a la etiqueta social ni a la letra escarlata autoimpuesta. Tengo miedo a ese juicio en el que mi relato se vea cuestionado y no estoy dispuesto a exigir un acto de fe. Ahí está el problema. Alguien hizo que perdiese mi voz, alguien me robó mi futuro.


Aunque esta no es mi historia. Es la historia de las víctimas. Es la historia de una sociedad maldita que ha cerrado los ojos ante la indecencia de unos pocos. Es el débil frente al poderoso. Es la lucha de clases y la clase de lucha. Es el espacio donde unas alas quieren volar tan alto que nada ni nadie puede alcanzar.


Matthew McCounaghey, James Van der Beek, Terry Crews o Pedro Almodóvar son algunas de las personas que ya alzaron la voz. Denunciaron desde su olimpo a través de la palabra. Vidas con una herida abierta que nunca cicatriza.

Para muchos, el abuso sexual masculino no es relevante. No es reseñable en cuanto a datos estadísticos ni en cuanto a sentencias judiciales. Está en un espectro vacío del que nunca nadie habla, no vaya a ser que bajo la alfombra haya algo más que la putrefacción.


Hemos visto hace no mucho como el idolatrado maestro de la aguja Alexander Wang ha puesto pies en polvorosa tras haber sido acusado por una ristra de modelos con sed de justicia. Pero el ex director creativo de Balenciaga no ha sido el único. Mario Testino, Bruce Weber, Kevin Spacey o Charlie Sheen son algunos de los depredadores sexuales que bajo el foco de la sospecha han salido indemnes. Es lo que tiene la fama y el poder, por mucho que se demuestre y se alcen cientos de voces, la política de cancelación es efímera.


Pongamos todo en contexto. Aquí en España las estadísticas hablan alto y claro. En 2019, de los 12.204 casos de delitos contra la libertad sexual, 1805 fueron denunciados por hombres. Un porcentaje muy inferior al de la mujer. Aún así, un dato muy preocupante porque se ha visto incrementado en los últimos 10 años en más de un 50 %.


Y ahí es donde entra la justicia. Una que diferencia la agresión sexual y el abuso en penas parecidas. La agresión sexual con acceso carnal tiene una pena de prisión de 6 a 12 años, mientras que el abuso sexual oscilaría entre 5 y 10 años. Todo dependiendo de los agravantes. Según la letrada Paloma García Jiménez, “la víctima suele quedar desprotegida por el principio de in dubio pro reo que, ante la duda, siempre va a ir favorable al reo”. También nos aclara que ella nunca llega a acuerdos para resarcir económicamente a las víctimas, ya que “en España, hay una figura que se llama el Ministerio Fiscal el cual siempre va a seguir adelante con la denuncia, aunque la acusación particular llegue a un acuerdo”.


EL SILENCIO REPRESIVO EN LA MODA

Cuando paseas por la Gran Manzana puedes ver cómo en Times Square hay un cartel de dimensiones estratosféricas de Calvin Klein. Un modelo de proporciones perfectas, abdominales patentes y una piel de vacaciones constantes, que mientras luce el ya eterno calzoncillo, nos empuja al deseo gracias a la curva que sufre la tela. Una invitación al sexo que vende. Pero, ¿qué hay detrás de esa foto?


En la industria de la moda llevamos ya muchas décadas viendo cómo la seducción y el anhelo sexual han sido portada de revistas, de campañas publicitarias y de anuncios de televisión. Hemos llegado a los límites del desnudo y lo hemos llamado arte, permitiendo que fotógrafos y diseñadores aprovechen la línea difusa que, por desgracia, a veces separa la profesionalidad y el abuso sexual. Algunos de ellos incluso la han cruzado a sabiendas del poder de sus instantáneas o de sus bolsos.


Pero ahora nos preguntamos, tras la incesante e ingente cantidad de casos de abuso sexual en la moda, si se escenifica de la manera correcta la exposición del depredador y si esta máquina de hacer dinero es capaz de prescindir de sus titanes, o si, por el contrario, acalla a las víctimas imperando de este modo la ley del silencio. Una ley que en 2018 se rompió en The New York Times gracias a los testimonios de modelos que decidieron desnudar el alma en vez del cuerpo para acusar a Bruce Weber y Mario Testino; una tímida descripción de lo que aconteció durante décadas.


“Caballero” de la Orden del Imperio Británico


"Una vez fuimos a una mansión en las colinas de Río de Janeiro y se llevó a un modelo a una habitación y este salió despavorido con el rostro desfigurado"

Mario Testino era el hombre de brillante armadura capaz de inmortalizar a Kate Moss o a los príncipes de la corona británica con los ojos cerrados. Un clic y punto. Vogue y Anna Wintour eran sus fieles valedores que querían albergar su talento en páginas y páginas. Todo era paz, belleza y armonía. Pero el oro dejó de relucir.

Su ex asistente y fotógrafo Roman Barrett lo tuvo claro, tenía que hablar: “Cuando me llamaron del The New York Times, hice un par de llamadas de inmediato y pensé: “Oh, ¿Mario ahora es como un ángel? Es como si todo hubiese quedado en el pasado. Pensé que se había vuelto tan grande que era inmune a todo esto”.

Y la palabra valor cobró significado para este hombre que había crecido entre cocaína y alcohol, que había conocido las tribulaciones de un joven Michael Jackson, pero que no podía soportar que el peruano Mario Testino y su círculo de confianza se salieran con la suya. Había vivido en sus carnes y a través de otros modelos las conductas del ya apodado como Creepy Mario Testicles. “Una vez fuimos a una mansión en las colinas de Río y se llevó a un modelo a una habitación y este salió despavorido con el rostro desfigurado. Por lo general, los modelos decían: 'Dios mío, no puedo creer que haya tenido que lidiar con eso'”, comenta Roman. Mientras, respira profundamente y recuerda una de las tantas ocasiones en las que sintió el aliento de Mario sobre su cuello. “Otra vez tuve que ir a Perú con él solo. Básicamente, tenía que quitármelo de encima todo el tiempo. Conocí a su madre y a su familia. Me trataba muy bien delante de ellos, pero cuando nos quedábamos solos me decía: ¿Quieres darte una ducha conmigo? ¡Ven y follamos! Y yo me preguntaba: ¿En serio? ¿Estás de coña? Lo que hacía que acabase siendo una pesadilla”.

Un Dr. Jekill y Mr. Hyde que tenían fieles escuderos que alimentaban a la bestia. “Giovanni Testino, su hermano, y Carine Roitfeld, ex directora de Vogue París, lo vieron todo. Fueron cómplices en encubrir lo que sucedía. No lo detuvieron. Kate Moss y Gisele Bündchen no dijeron nada porque tenían sus carreras gracias a él. Era solo un rumor para ellas. Él sabía cómo esconderlo”, concluye muy enfadado Roman.


Mi primera vez

"Es una trata de personas envuelta en lujo”


Barrett Pall, ex modelo e influencer neoyorquino, tenía 19 años cuando hizo su primera sesión fotográfica, ávido de comerse la cámara y de cautivar al gran público. Fue entonces cuando Rick Day, fotógrafo estadounidense, entró en escena. Fue su primer contacto homosexual y una salida del armario forzada. “Ese día pasé de estar asustado a anestesiado, sin sentir nada, pero por dentro estaba flipando. Cuando acabó la sesión dejé su apartamento, llegué a casa y simplemente lloré en mi cama. Me sentí vacío, como si no hubiera nada, solo dolor”, llora al recordarlo.


Pero no fue cosa de una sola vez. Hubo muchas más con Rick. Él tenía el poder. Tanto, que en el momento que se enteró que iba a contar su historia, empezaron las represalias. “Me envió un mail tratando de asustarme. Me amenazó con unas fotos mías. Y tengo los correos electrónicos que lo prueban”. Aún así, Pall sacó fuerzas en 2018 para ponerse frente a sus miles de seguidores y denunciar a agentes, managers y fotógrafos que “trabajan juntos para abusar de su poder sobre las personas. Personas jóvenes, inseguras y que buscan una manera de mejorar su vida y la de sus familias. Al final, estoy recuperando el poder que me robó, porque eso es lo que hacen los depredadores sexuales, robar una parte de ti”.


Barrett Pall no se considera un salvador ni un profeta agitando a las masas, pero trata de advertir a las nuevas generaciones que no saben cuál es la cara B de la vida a base de Veuve Cliqcot y photocalls. “Se aprovechan del silencio porque tenemos miedo de revolvernos y hacer algún tipo de ruido, porque entonces perdemos nuestras carreras. Todos le dan la vuelta a la tortilla y te hacen sentir que debes estar muy agradecido. Y si quieres decir algo, te chantajean para que guardes silencio. Es la parte más jodida. Es una trata de personas envuelta en lujo”.


MDMA, sexo y alcohol

REBECCA SMEYNE

“Lucho por una compensación para las víctimas. Soy un abogado civil"

Alexander Wang lo tenía todo. Era uno de los diseñadores más jóvenes en conseguir ser el director creativo de una gran maison como Balenciaga y había creado una firma homónima que fue un éxito en ventas. El mundo se rendía a sus pies, pero para él no era suficiente. Sus noches de fiesta querían emular una bacanal aderezada con drogas y alcohol. En frente, una horda de modelos siendo presa de ese monstruo de garras afiladas.



Pero no fue hasta el pasado diciembre de 2020 cuando el modelo británico Owen Mooney afirmase en Tik Tok que Wang lo había manoseado en una discoteca de Nueva York en 2017. "En un momento me quedé solo y había tanta gente, que nadie podía moverse. Un hombre a mi lado comenzó entonces a tocarme, subiendo por mi pierna y luego a mi entrepierna. Me quedé paralizado, en shock", reveló Mooney. La cuenta de Instagram Diet Prada se hizo eco y diez hombres más se animaron a contar su experiencia. "Me bajó la cremallera de los pantalones y empezó a agarrar mi pene delante de un grupo de personas. Me congelé por completo”, contó a la BBC Keaton Bullen, un estudiante de la Escuela de Diseño Parsons.


En la era de los comunicados vía Instagram, el diseñador estadounidense salió al paso de las acusaciones diciendo: "En los pasados días, he sido objeto de falsas acusaciones infundadas y grotescas. Estas afirmaciones han sido erróneamente amplificadas por cuentas en redes sociales conocidas por publicar material difamatorio de fuentes sin revelar y/o anónimas sin ninguna prueba ni verificación de información".


Al poco tiempo, diez de las once víctimas se pusieron en contacto con Lisa Bloom, la “abogada del #metoo”, que prometió hacer justicia. Y así lo hizo, consiguiendo otro comunicado de la citada red social. "Recientemente algunas personas han dado un paso adelante con acusaciones sobre mi comportamiento pasado. Apoyo su derecho a expresarse y he escuchado con atención lo que tenían que decir. No fue fácil para ellos compartir sus historias y estoy arrepentido de haberles causado dolor. Aunque no estoy de acuerdo con algunos de los detalles que relatan los denunciantes, quiero ser un ejemplo y utilizar la visibilidad y la influencia que me confiere ser una figura pública para motivar a otros a reconocer comportamientos dañinos. En la vida se aprende y se crece, y ahora que tengo más conocimiento, haré mejor las cosas" agregó Alexander Wang.


Al final una deplorable y cohibida disculpa que en palabras de Barrett Pall “es una gran bofetada en la cara para muchos de nosotros que hemos sido supervivientes de un abuso sexual. Podemos ver cómo los ricos y poderosos como Alexander Wang usan una y otra vez su dinero para salirse con la suya. No renunciará a ninguno de los puestos que desempeña en ninguna de las empresas de las que forma parte. No ha afirmado que va a recibir ningún tipo de curso educativo o de adicción, o cualquier cosa que realmente muestre que va a mejorar. Simplemente salió para entonar un mea culpa social”.


Obviamente no nos conformamos con las disculpas y quisimos conocer de primera mano el suceso que vivió Owen Mooney. Estaba dispuesto a hablar e iba a formar parte de este reportaje. Pero de la noche a la mañana me dijo que no iba a poder ser. Cuando le pregunté a Lisa Bloom el porqué de su repentina callada, me respondió textualmente: “No puedo comentar nada sobre el caso de Alexander Wang. Solo puedo darte un statement que hemos preparado en el que reconocemos la disculpa de Alexander Wang. Sus disculpas son muy importantes para mí y para las víctimas. Pero aparte de la declaración, no puedo comentar más sobre Alexander Wang. Lo siento”.


Ahí estaba la justicia nada divina de Bloom que consistía, en palabras de Barrett Pall, en “silenciar a sus clientes con acuerdos de confidencialidad. Espero que esos hombres sientan algún tipo de paz y justicia con lo que les pasó. Lisa Bloom cuida de ella misma, de su bolsillo y de su dinero”. Ella no lo niega: “Lucho por una compensación para las víctimas. Soy un abogado civil. Creo mucho en lo que hago porque el abuso sexual es muy dañino y la gente debería obtener reparación por lo que les pasó. Deberían conseguir dinero para pagar la terapia, sus facturas médicas, el daño a su carrera, su angustia emocional”.

Pero en su dilatada carrera Lisa Bloom no ha defendido solo a las víctimas. También es famosa por haber formado parte de la defensa de Harvey Weinstein. ¿Qué le hizo cambiar de bando? Ella asegura que lo hizo ya que “durante los últimos treinta y cinco años he estado representando a las víctimas. En el caso de Weinstein, este vino y me dijo que tenía un par de mujeres que le acusaban por usar palabras que no eran apropiadas y estaba dispuesto a aprender y cambiar. En ese momento, nadie lo acusaba de agresión sexual. La primera vez que una mujer lo acusó, renuncié inmediatamente. El problema de trabajar con personas es que nunca puedes saber por completo si te están diciendo la verdad. En aquel momento, la hija de Barack Obama, Malia Obama, era su becaria y Hillary Clinton compartía mesa en un restaurante con él. Por tanto, si el servicio secreto no sabía que era un depredador, les puedo asegurar que yo tampoco”. Y así es como se excusa y relata que ahora el 100 % de los casos que lleva su bufete gira en torno a las víctimas. Asegura además que “aprendí cómo piensa un depredador y me ha sido muy útil en los cuatro o cinco años transcurridos desde entonces”.


¿Pagan justos por pecadores? ¿Cancelamos al depredador?



"Con ciertas personas los desnudos son complicados y se genera ese pensamiento de abuso sin tener tal intención"

Para debatir sobre perchas personificadas, políticas de cancelación y castigo, nos reunimos con Albert Mullor, el fotógrafo español que forma parte de esa nueva hornada de celebrities digitales. Perteneciente al squad de Gigi Vives y Dulceida, ha colaborado junto a firmas de moda como Dior, y desde dentro, ha podido observar cómo “en el mundo de la moda tienes que tener a un pez gordo ligado a ti para poder avanzar en tu carrera. Funciona por conexiones. Es de las industrias donde menos se separa la vida personal y la profesional y por eso pasan estas cosas” explica Albert.


Entre té y té en la Plaza del Rastrillo me muestra su preocupación cuando tiene que fotografiar un desnudo. “Con ciertas personas los desnudos son complicados y se genera ese pensamiento de abuso sin tener tal intención. Te planteas lo que puede estar pensando esa persona. Puede que piense que quiero esa foto explícita con un fin sexual. Ellos tienen que entender que no estoy ahí para eso”. Por supuesto, no resta importancia a los casos que han surgido estos últimos años, ya que es crítico aseverando que “el juicio de cancelar a la gente es muy efímero. Hoy me entero que has hecho esto y no te vuelvo a hablar en la vida, pero vuelve dentro de 6 meses, que igual ni me acuerdo. Obviamente ya se encargan ellos de eliminarlo antes de que mucha gente se entere”. Y concluye dándonos su opinión sobre cuál debería ser el castigo que se le debería imponer a Alexander Wang. “Que no vuelva a vender un bolso en su vida. Que se vea reducido a no poder vivir de lo que hace. Pero los medios de comunicación jamás van a cancelarlo. Si se aleja lo suficiente, se hará la vista gorda. Si generas dinero no prescinden de ti, aunque como persona no valgas nada”.


LAS ALTAS ESFERAS DE VIDRIO


Maricón perdido y tiro por que me toca

MAURICIO RETIZ

"Me molesta que consideremos que una víctima de una agresión sexual tiene que estar victimizada constantemente"

Hablar de un abuso o de una violación en prime time tiene mucho mérito. Enfrentarse al juicio y prejuicio de una audiencia puede hacer que desciendas a los infiernos en un abrir y cerrar de ojos.


Bob Pop, autor de Maricón perdido y periodista de renombre, contó en Late Motiv, el programa de Andreu Buenafuente, cómo vivió su violación. Todo ello a partir del cuestionamiento de que “después de una violación era incompatible salir con amigas e intentar hacer vida normal, pasártelo bien incluso. Me molesta que consideremos que una víctima de una agresión sexual tiene que estar victimizada constantemente. Hay muchas formas de gestionar ese dolor, esa experiencia” dice Bob. Ahora puede decir abiertamente que “cambió mi vida, mi forma de enfrentarme con el sexo, con la culpa. Sentí la vergüenza en mis carnes”.



“Creo que los medios de comunicación piensan que esto no es nada sexy, en el peor de los sentidos. Como periodista, muchas veces te enfrentas con un muro. ¿Para qué vas a ponerte a picar piedra si le estás pidiendo a gente que hable sobre cosas que no quiere hablar? Nadie quiere que le cuenten algo así, tan doloso. Todo ello junto a una primera reacción de incredulidad. No podemos olvidar que la agresión sexual y la violación tiene algo muy jodido y es que estás hablando de la intimidad de las víctimas. Hay también otro componente a destacar que es la victimización del culpable y culpabilización de la víctima en el que a la gente le cuesta menos ponerse en el lugar del verdugo”, explica Bob Pop en una comparación bien entendida con la repercusión que los abusos en la mujer tienen en los medios de comunicación.


Ante eso mi única pregunta fue cuál sería la fórmula o pócima mágica para acabar con este mal social. Y como si de un mago buscando en la chistera, Bob responde que “es mediante la educación con el cuerpo, con el deseo. La legitimación del deseo por ambas partes o por las partes que participen en el juego. Debemos vivir un proceso de naturalizar nuestras relaciones sexuales, entender que el poder no tiene que entrar nunca y que todo tiene que ser mucho más libre”.


Mirar hacia otro lado


"Todos están marcados. Les robaron parte de su juventud porque fueron niños asustados"
“La Federación Española de Atletismo y el Ministerio de Educación de la época sabían lo que pasaba y prefirieron tapar el caso. Nadie en la sociedad me quiso apoyar. Nadie quiso investigar y me sentí muy solo. Al Consejo Superior de Deportes tampoco le interesaba"

El 3 de febrero del 2019, Carlos Arribas, periodista deportivo de El País escribió uno de los reportajes más importantes de su carrera: una entrevista con seis atletas españoles entre los que se encontraba el Superman de Barcelona 92, Antonio Peñalver. Una terapia grupal que narraba los abusos sexuales del que fue su entrenador, Miguel Ángel Millán.


Una conversación distendida en el bar colindante a los juzgados donde acababan de testificar en contra del depredador. Una operación a corazón abierto en el que a Carlos le llamó la atención que “todos están marcados''. Les robaron parte de su juventud porque fueron niños asustados. Cuando se destapó todo en el año 1992, el pueblo decidió silenciarlo en vez de denunciarlo. Las víctimas aceptaron recibir tratamiento psicológico. Un psicólogo privado que se reunía con ellos una vez por semana en el ayuntamiento”.


Un reportaje que cambió la vida de un pueblo, pero no de una sociedad. “Necesitaban que el pueblo Alhama de Murcia asumiera lo que había hecho. Al final, creo que dentro del pueblo tuvieron que asumir que se habían equivocado por el miedo al escándalo”. Pero no eran los únicos culpables. La Federación Española de Atletismo y el Ministerio de Educación de la época sabían lo que pasaba y prefirieron tapar el caso. Nadie en la sociedad me quiso apoyar. Nadie quiso investigar y me sentí muy solo. Al Consejo Superior de Deportes tampoco le interesaba. En el deporte prefieren pasar de puntillas”. Además, Carlos añade que la repercusión fue casi nula y analiza el porqué. “En El País les gusta denunciar los temas de curas abusando de menores, pero, por otro lado, en las páginas de deporte solo puede haber cosas bonitas. Son las páginas en las que la gente descansa de la miseria cotidiana. No gusta dar historias jodidas. Con todo y con eso, fuimos adelante. De todos modos, siempre he pensado que deberían haber entrado el resto de periódicos y nadie quiso entrar. Ni en “Marca” ni en “El Mundo” hubo una línea sobre este tema".


Y finaliza conjeturando, a través de su experiencia, si hay una cultura de la violación en el deporte. “En los vestuarios de fútbol y de baloncesto se silencia todo. Viven dentro de esa burbuja y por tanto lo que pueda pasar dentro es difícil de saber. Si no hay una cultura de violación, lo que sí existe es el ecosistema y escenario perfecto para que pueda producirse y que nadie se entere”.

Patriarcado, masculinidad tóxica y pérdida de virilidad


¿Por qué los varones nos seguimos creyendo superiores y que tenemos a nuestra disposición instrumental para que todo esté bajo nuestro dominio? ¿Qué sistemas patriarcales permiten la existencia de una determinada cultura sexual voraz? El sociólogo Antonio Agustín García García de la Universidad Complutense de Madrid plantea estas preguntas al aire, y Mario Marzo, el pianista, influencer y actor de la serie Los protegidos, recoge su guante.


La gran pregunta que todos nos hacemos al hablar de abusos siempre es: ¿Por qué los depredadores sexuales son hombres? “Según las estadísticas, hay una dominación masculina en la sociedad del abuso. Hay un patriarcado que lo sostiene, un mandato de masculinidad resumido en la idea de dueñidad; tenemos que tener poder sobre otros. Normalizamos la condición de posibilidad para que alguien abuse de otro alguien” apunta el sociólogo. El patriarcado es esa venda invisible que “va desde la opresión y sexualización de la mujer, a la represión de los sentimientos del hombre, al concepto de virilidad, de la pluma como algo femenino, de los roles de género, del género en sí...” señala Mario.


Es lo que tiene el patriarcado. Ahoga y corrompe. Tanto es así que, tras escuchar el horror de los testimonios, acabas dándote cuenta de que hay un denominador común que impera en las víctimas: la vergüenza. Todas y cada una de ellas sufren un duelo que viven en soledad por temor a que su voz no sea escuchada o, peor aún, menoscabada. Pero no es el único síntoma, ya que también ven cómo su masculinidad se va al traste. “Para los hombres heterosexuales sufrir abuso por parte de otro hombre es asumir que has tenido una relación homosexual, aunque sea no consentida. Por tanto, sientes que tu identidad se está poniendo en tela de juicio" afirma Antonio Agustín García. A lo que Mario añade, “hay una creencia errónea de que pierdes la virilidad. Sin haber vivido ningún abuso, he sido consciente de la represión que he tenido por parte de otros hombres. Evaluaban cómo debía comportarme o cómo debía sentirme”.


Y todo esto tiene su base sociológica en un concepto que ha nacido recientemente muy ligado a la virilidad y sobre nombrado como masculinidad tóxica que, “por el tipo de relaciones que establece para con los demás y para con uno mismo, es tóxica. Es la negación de quién eres, de tu afecto, de tu vulnerabilidad. Cuanto más aliados somos del modelo de masculinidad dura, más probabilidad tenemos de enfermedad mental. La masculinidad mata, como el tabaco” sentencia el psicólogo. Siendo la masculinidad un tabaco con demasiada nicotina, una que Mario ha sufrido. “A mí se me ha catalogado como maricón por vivir en un pequeño pueblo y dedicarme al arte. Si hubiera nacido veinte años más tarde, creo que mi relación con otros hombres y con las mujeres sí que habría cambiado”.


SPEAK UP! Habla por los que no pueden hacerlo



Ahora solo hace falta que más voces se unan a la lucha. Necesitamos la ayuda de toda la sociedad para dar visibilidad a un problema que nadie ve, pero existe. De una vez por todas gritaremos contra los intocables que poseen las llaves del reino del silencio. Y con la palabra como arma arrojadiza, dejando la vergüenza en el subsuelo, alcanzaremos una libertad ansiada. ¡En fin, SPEAK UP!