YAYOI KUSAMA ha muerto: La mujer que convirtió sus obsesiones en infinito
- Redacción Folie

- hace 4 horas
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Yayoi Kusama ha muerto a los 97 años, pero el universo que construyó durante casi un siglo está diseñado para no desaparecer. Lunares, redes infinitas, espejos, calabazas y cuerpos cubiertos de color: la artista japonesa convirtió sus obsesiones más íntimas en un lenguaje visual capaz de conquistar museos, calles, pasarelas y cultura pop.
Hasta sus últimos días continuó trabajando, manteniendo intacta una relación casi física con la creación que comenzó cuando era una niña en Matsumoto, Japón. Desde muy joven experimentó alucinaciones visuales en las que aparecían puntos, flores y patrones que parecían multiplicarse hasta ocuparlo todo. En lugar de esconder aquel mundo, decidió pintarlo.
Los famosos lunares nacieron precisamente de ahí, pero terminaron convirtiéndose en algo mucho más grande que un motivo estético. Para Kusama, la repetición era una forma de enfrentarse a la obsesión, al miedo y a la idea de desaparecer dentro de algo infinitamente mayor. Sus redes comenzaron a extenderse sobre lienzos y, con el tiempo, sobre esculturas, habitaciones, cuerpos y espacios completos.
En los años cincuenta abandonó Japón y llegó a Estados Unidos, instalándose finalmente en Nueva York, donde se enfrentó a una escena artística dominada por hombres y construyó sus célebres Infinity Nets. Durante los sesenta llevó todavía más lejos su radicalidad con performances, instalaciones y happenings que mezclaban desnudez, sexualidad, política y provocación. Kusama no estaba interesada en decorar el mundo: quería desmontarlo visualmente y volver a construirlo desde su propia cabeza.
Después de regresar a Japón en los años setenta, continuó trabajando desde Tokio y desarrolló una de las carreras más singulares del arte contemporáneo. Sus Infinity Mirror Rooms, cubiertas de espejos y puntos de luz, transformaron al espectador en parte de la obra y terminaron convirtiéndose en auténticos fenómenos culturales.
Su influencia acabaría saltando del museo a la moda y al lujo, convirtiendo a Kusama en una figura reconocible incluso para quienes jamás habían pisado una galería. Su estética dejó de pertenecer exclusivamente al arte contemporáneo para convertirse en un idioma global.
Kusama se va, pero su universo permanece en expansión. Porque quizá ese fue siempre el verdadero objetivo: hacer que un punto pudiera convertirse en infinito.





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