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  • Pablo Aragón Blanco

ABERCROMBIE & FITCH: Sexo, abdominales y racismo

“White Hot: The Rise & Fall of Abercrombie & Fitch” es un recorrido por el reino del terror del ex director general Mike Jeffries, en el que reinaban los abdominales y la exclusión social.

ABERCROMBIE & FITCH

Allá por los 2000, había una fragancia que respiraba sexo. Esta era la tan reconocible al instante Fierce de Abercrombie & Fitch, un aroma que te evadía a un mundo de fantasía donde la imaginación te llevaba a ver six packs y belleza en todos los lugares de la mente. La gota de sudor caía por la frente al ver como cuerpos apolíneos, lampiños y esculpidos en piedra te daban la bienvenida a un paraíso donde lo que menos importaba era la ropa. Porque ahí se respiraba deseo embotellado.

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Aventurarse en las paredes de cualquiera de las tiendas de Abercrombie & Fitch era como hacer un viaje por las ligas universitarias americanas. Eso sí, siempre plagadas de retratos del prototipo de James Dean con una cintura desabrochada. El american style exportado al mundo dejando bien claro que el sueño americano estaba dedicado para unos pocos afortunados de raza “aria”. Una raza de seres guapos y delgados que bien pueden ser modelos o dependientes doblando unas camisetas que ellos mismos no utilizan.

ABERCROMBIE & FITCH

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Sin embargo, el tiempo pasa para todos y ese adolescente que miraba embobado como la lujuria se escenificaba en un mismo lugar, creció y entendió toda la cultura excluyente que venía dada de esta filosofía del marketing del desnudo. La marca, que fue objeto de acusaciones de racismo y explotación sexual, pronto perdió su caché social, y sus antiguos empleados hablaron de un enfoque inspirado en la eugenesia a la hora de contratar y despedir.


La desaparición de la marca es el tema de un nuevo documental de Netflix, de una hora de duración, titulado White Hot: The Rise & Fall of Abercrombie & Fitch, que sigue las andanzas del ex director general Mike Jeffries. Con comentarios sinceros de modelos, periodistas y empleados que narran el terror que sufrieron en el pasado.


La llegada de White Hot coincide con el resurgimiento de las prendas "vintage" de Abercrombie vendidas por aquellos que eran demasiado jóvenes para entender el pasado de la marca. Y aunque ahora los valores que promulgan y reafirman la inclusividad, no siempre fue así. Esconder la basura bajo la alfombra no les salvará en el futuro de la gran losa que siempre llevarán bajo los hombros. Ha llegado el momento de ver todos los prismas de la piedra pesada.


REZUMANDO SEXO

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A veces la moda tiene muy poco que ver con la ropa. Al olimpo de los dioses griegos nadie iba por sus camisetas con logotipo, sus chanclas y sus chalecos de canalé, sino por las vagas nociones de pertenencia, confianza y sexualidad que llevaban consigo. Al igual que Calvin Klein (recordemos cualquiera de sus imágenes de calzoncillos) fusionaron el impulso sexual a la moda.


Pero Abercrombie & Fitch siempre fue más allá y todo era una representación con tintes homoeroticos. Cada una de sus paredes bien podía inspirar el éxito de taquilla y crítica Brokeback Mountain. Cada una de sus campañas parecían un expositorio de porno ambientando en un campo de futbol americano. El tan renombrado quarterback era iconografiado con toda la adulación que le imponía una grada ansiosa de gloria. El antiguo director general, Mike Jeffries, lo enmarcó como una "representación de la maravillosa camaradería, la amistad y el juego", diciendo que "creo que lo que representamos sexualmente es saludable. Es juguetón. No es oscuro. No es degradante. Y no es gay, ni heterosexual, ni negro, ni blanco. No se trata de ninguna etiqueta".


A LA CAZA DE LA BELLEZA

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Durante la década de los 90 y los 00 ser elegido como modelo de Abercrombie & Fitch te dotaba de una esfera y suficiencia que todos ansiaban. Incluso el poder llevar su ropa era aspiracional con el fin de lograr parecerte a ese modelo. Era como un club privado al que si pertenecías los laureles venían dados intrínsecamente. Era la exclusividad que en palabras de Mike Jeffries: "Mucha gente no pertenece a nuestra ropa, y no puede pertenecer a ella", dijo una vez, "Abercrombie sólo está interesada en personas con estómagos de tabla de lavar que parecen estar a punto de saltar sobre una tabla de surf".


RACISMO EVERYWHERE


El manual que exigía un aspecto "clásico americano" y prohibía por ejemplo a los dependientes peinarse con rastas. "No quiero que nuestros principales clientes vean a personas que no están tan buenas como ellos llevando nuestra ropa", dijo Jeffries. Los antiguos empleados acabaron presentando una demanda por discriminación racial contra la marca, a la que Abercrombie puso fin con un acuerdo económico de 50 millones de dólares, aunque no admitió ninguna culpa.


QUERIENDO VOLVER AL JUEGO

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En 2014, cuando las acciones sociales (y financieras) de Abercrombie & Fitch empezaron a caer en picado, a Jeffries no le quedó más remedio que dimitir, allanando el camino a la actual directora general, Fran Horowitz. Y aunque sus intentos y esfuerzos por desligarse de cualquier acusación de racismo y sexualización, la cultura de cancelación ha llegado y no ha olvidado los errores del pasado. Ahora el six pack y el sexo quedan relegados a un segundo plano. El body positive y la diversidad racial están en primera línea dejando al quarterback en el banquillo.

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