COURRÈGES vuelve al futuro
Drew Henry debuta al frente de la maison francesa con una colección juguetona, pop y mucho más ponible de lo que cabría esperar de una casa que lleva más de seis décadas obsesionada con el mañana.
Desde que André Courrèges fundara la maison en los años 60, su idea de futuro ha estado flotando alrededor de la moda como una especie de fantasma pop: colores eléctricos, vinilo, siluetas geométricas, logos reconocibles y una obsesión casi extraterrestre por vestir a una generación que todavía no sabía que estaba viviendo en el futuro. Más de sesenta años después, ese imaginario sigue intacto, aunque ahora parece haberse quitado el casco espacial para salir a la calle.
La nueva era tiene nombre y apellido: Drew Henry. Su debut como director creativo supone el primer vistazo real a cómo pretende mover Courrèges hacia delante sin borrar las huellas digitales de la casa. Y su respuesta no parece ser una revolución a martillazos, sino algo bastante más inteligente: coger los códigos históricos, sacudirles el polvo y hacer que vuelvan a resultar deseables ahora mismo.
La colección comienza en tonos crema y con una serie de siluetas estructuradas que recuperan algunos de los gestos más reconocibles de Courrèges, desde los botones oversize hasta el logo convertido en declaración gráfica. Después llega el color, porque aparentemente el futuro también puede ser divertido: abrigos marineros, faldas, vestidos y tops aparecen en una explosión cromática que conecta directamente con el ADN de la maison, pero sin convertirlo en un ejercicio de nostalgia sesentera.
El resultado es una colección que conserva la actitud avant-garde de la casa, pero cambia la distancia entre la pasarela y la vida real. Hay fantasía, sí, pero también hay prendas que alguien realmente quiere ponerse. Y quizá ese sea el verdadero futuro de Courrèges: no imaginar cómo vestiremos dentro de cincuenta años, sino conseguir que queramos vestirnos así mañana por la mañana.





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