SOPHIE TURNER y el afterlife de GAME OF THRONES: cuando el final te deja sin identidad
- Redacción Folie

- 7 ene
- 1 Min. de lectura
Spoiler: sobrevivir a la serie no significa saber quién eres después.
Game of Thrones terminó en 2019 y el mundo siguió girando. Para Sophie Turner, no tanto. Cuando llevas diez años siendo la misma persona —en pantalla y fuera de ella— el final no es un cierre: es un vacío.
“Fue como una muerte”. Sin metáfora. Sin dramatismo gratuito. Así lo dijo Turner en su entrevista de portada de enero para Porter. Y tiene sentido: Sansa Stark no fue un papel más, fue su adolescencia entera comprimida en una serie que creció con ella y luego la soltó sin manual de instrucciones.
Turner entró en Game of Thrones con 13 años. Salió con 23 y una pregunta imposible de esquivar: ¿quién soy cuando dejo de ser esto? “Tuve una crisis de identidad y necesitaba alejarme completamente de ese mundo durante un par de años”, confesó. “Tenía que descubrir quién era, qué quería, quién era como actriz”.
Después del final, Turner se puso una regla clara y casi terapéutica: nada medieval, nada de época, nada que oliera remotamente a Poniente. Una especie de detox emocional.
Hasta que apareció The Dreadful, su próxima película de terror gótico. Porque claro, el trauma siempre vuelve con una estética mejor. El rodaje en 2024 fue un recordatorio físico de todo lo que había intentado evitar: frío constante, vestidos absurdos, barro en lugares que no deberían existir.









Comentarios