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  • Lucía Montalbán

Y mientras tanto, un pódcast

Los pódcast de jóvenes con charlas informales copan las demandas de la audiencia.

Hace unos días leía un tweet que abre un melón muy interesante y oportuno, un usuario de Twitter (@_Cattavk) escribía lo siguiente: “El modelo pódcast con contenido informal entre gente joven, no estará saciando nuestra carencia de tiempo libre de calidad compartido con las personas que queremos por culpa del trabajo y las prisas, ¿verdad?”


Estas palabras llamaron sobremanera mi atención porque, si nos fijamos, es cierto que el modelo de pódcast o los contenidos que en la actualidad consumimos, al menos, el entorno que me rodea, suelen ser de carácter informal; personas jóvenes sin nada que perder y todo por ganar, sin pelos en la lengua, ya que reconocen estar en continuo proceso de aprendizaje, lo que, sin sorpresa alguna, motiva el valor y aleja la cobardía. No importa lo que puedan decir de ellos, porque tienen la capacidad de reconocer errores y, sobre todo, de reconocer que deben tenerlos.

No estoy describiendo a ningún grupo concreto. De hecho, podríamos ser cualquiera. Su éxito no tiene más secreto que un fenómeno bien cano: la identificación. Nosotros mismos podríamos ser parte de uno de esos pódcast. Además de esta particularidad, es bastante probable que influyan las pésimas condiciones laborales y ofertas de trabajo, sobre todo, para la población joven, las jornadas esclavas, las faltas a los derechos del trabajador, el retraso en la mayoría de las instituciones que nos hacen desaprovechar horas, días… Escuchar una charla de los que podrían ser tus amigos, compañeros o vecinos puede que alivie un poco la tensión de no hacer lo que quieres, sino lo que urge.


No obstante, la gran acogida de este sencillo formato no es sólo mérito del factor novedoso. Claramente, la incapacidad de algunos medios tradicionales de colocar figuras o contenidos con los que los nuevos públicos puedan identificarse, los ha llevado a una distancia casi insalvable de ciertos grupos. Igualmente, en los medios más profesionalizados, los invitados se ven forzados a interpretar una performance sobre ellos mismos con ciertos comportamientos, reacciones o ideas. Es por esto que, esa suerte de mesa de camilla microfoneada es la primera opción para audiencias y para invitados, ya que se trata de un espacio donde se sienten cómodos, seguros, y no son juzgados. Sencillamente, las herencias desfasadas, el dictamen de juicios precipitados y la cantidad de tinta que ha corrido describiéndonos… sin, desde luego, quererlo, nos ha liberado de aparentar nada.

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