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  • Pablo Aragón Blanco

Carta del director: Ni un pero de más

Las nuevas generaciones son las que tienen el poder del cambio. De hacernos ver que estamos equivocados. Son ellos los que tienen un espíritu crítico, al resto se nos ha debido ir por el desagüe.


Las nuevas generaciones no son cobardes. No temen a los peros. Nosotros, sin embargo, hemos tenido que lidiar con muchos peros. Ya hace 90 años nuestras antecesoras tuvieron que pelear por un papel que dotaba de libertad. Esa de la que tanto hablan unos y otros. Una, que, aunque no creamos, no siempre fue tal.

Las mujeres han vivido oprimidas sin poder respirar. En pleno 2022 en la otra parte del mundo, las mujeres vuelven a tener que taparse el rostro, viviendo además con unas leyes que las relegan a un cuarto plano.


16 años han pasado desde que las personas LGTBIQ+ pueden casarse en España. No mucho más atrás en el tiempo eran perseguidos a patada limpia o fusilados contra un paredón. Hoy día la persecución es distinta pero las alas metafóricas de cada uno de ellos siguen sin poder volar. Un arcoíris inalcanzable.


Hace menos de un año hemos visto propaganda racista y xenófoba en el metro de Madrid. La capital de un país desarrollado, en su centro neurálgico, exhibiendo un odio al diferente. Un odio a los que no se pueden defender. Por un momento, podemos ver la cobardía de intentar enfrentar a una sociedad contra unos niños que viven lejos de su patria con el temor de sobrevivir, una espada de Damocles que afilan los que promulgan a base de escupitajos teñidos de una bandera de la que se han apropiado.


Y, por último, vemos como las marcas de moda nos dicen que somos body positive, que la tela no importa y que por centímetros que no sea. Luego vemos como los medios, la sociedad y la publicidad quieren la perfección y no la realidad. Exponiendo el 90-60-90 y abdominales esculpidos en acero. Una hipocresía nada positiva.


Pero y aquí vienen los peros. No podemos cambiar un mundo que se tambalea y se ha tambaleado, aunque si podemos educar a todos aquellos que no damos por perdidos en la batalla de los derechos humanos. Somos conscientes de los malditos “PERO”.


No soy machista, PERO…. La sangre no tiene PEROS.

No soy homófobo, PERO… Samuel somos todos.

No soy racista, PERO… “Nos quitan el trabajo” … estamos hartos del trasfondo de esa afirmación.


A todas aquellas personas instauradas en el PERO, no hay más PEROS. Esta sociedad avanza, y si no te subes en el carro de amor al prójimo, bájate que no queremos descarrilar.

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