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  • Foto del escritorPablo Aragón Blanco

CARTA DEL DIRECTOR: Prejuicios y más prejuicios

León Tolstói dijo una vez que “uno de los más arraigados y extendidos prejuicios reside en la creencia de que todo hombre posee en propiedad ciertas cualidades definidas: que es bueno o malo, inteligente o tonto, enérgico o apático, y así sucesivamente. Los hombres no son tan de una pieza”.

Ahora mismo no paran de resonar estas palabras en mi cabeza. Desde la lejanía adquirida que me autoimpongo intento mirar desde una atalaya de la moral los reales valores absolutos del ser humano. Y no los encuentro. Más si cabe en este mismo momento en el que me separan miles de kilómetros de la tierra patria. Allá donde los prejuicios se hacen más visibles. Donde un velo me separa de esa sonrisa cómplice y la mirada se tierna en dulce.


Por más que intento despegarme de ese escrúpulo ante lo desconocido, me resulta tarea difícil. Puede que al fin y al cabo no sea yo un alma pura ni un ejemplo a seguir. Ni tampoco creo que pueda serlo. Al fin y al cabo, el ser humano no es un todo. Es un ya veremos. Es una circunstancia. Es la suma de todas las cosas.


Y es que no es la primera vez que me pasa que el mal llamado prejuicio llamé a mi puerta. Hace menos de dos semanas tuve el placer de entrevistar a la próxima portada de enero y acudí a la cita con ideas bastantes preconcebidas. Iba como un miura, con cuernos bien afilados, para ver si sacaba en claro el porqué de la mala fama adquirida de este talento ya consolidado. Intentaba desmontar sus esquemas dejando ver sus carencias, pero sin esperarlo, dejó al descubierto las mías.


Me vi frente a un espejo invisible y no me gustó lo que me mostraba el reflejo. Me prometí a mí mismo que dejaría atrás toda esa arrogancia de extremo activista para mirar con una lente de la comprensión a todo aquel que está al otro lado. Porque a veces el ego nos hace jugar malas pasadas y creemos que nuestra palabra está grabada a fuego.


En definitiva, he conseguido ver que el prejuicio es la antítesis de la empatía, de la pureza y es un error más a ser corregido. Puede que haya descubierto el continente del Santo Grial donde radica el inicio del cambio. La forma en la que nos convertimos en mejores con el fin de ser una sociedad más sana en valores.


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