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  • Pablo Aragón Blanco

CARTA DEL DIRECTOR: Más #PROUD que nunca. Ni un paso atrás.

Creía que nos habíamos pasado ya la pantalla, que ya estábamos en otra película y que el mundo había evolucionado a pasos agigantados en estos últimos 15 años.

Todavía recuerdo aquellas noches escondido entre las sombras, buscando cobijo en una iglesia de Valladolid mientras me daba mi primer beso casto con otro hombre. Aquellos momentos de tensión acumulada mezclados con la pura adrenalina ante lo desconocido hicieron que quisiese más. Quería ser por fin libre.


Enclaustrado y sin tener referentes que me abriesen y allanasen el camino, me sentí diferente una y cien veces. Intenté paliar todas esas inseguridades creadas intentando reafirmarme con una masculinidad tóxica. No podía ser el débil de una manada que estaba plagada de machos alfa que peleaban por un reino caído, pero a la más mínima oportunidad escapaba a ese lugar recóndito donde la negra noche no dejaba ver a curiosos.


Viví entre las sombras más de la cuenta y maleta en mano soñé con ser uno más paseando por la Gran Vía. Sentía mis ansias de libertad en cada uno de los arreones que le pegaba a la destartalada maleta llena de prejuicios. A todo ello le siguieron noches donde por fin pude ser yo. Ya no me tenía que ocultar, ni tenía que pedir perdón por querer sin cortapisas. Había dejado de lado toda esa educación católica que me había desterrado de un paraíso y me había enviado allá donde Rodin consiguió alzarse como un maestro de la escultura, las puertas del infierno. La palabra “pecador” perdió todo su significado y emprendí mi propio viaje rodeado de diversidad. Entre Chueca, Elástico, 8 y medio y demás garitos del modernismo, donde algunos recreamos nuestra propia visión de la movida de los 80, descubrí que las miradas curiosas y los cuchicheos venían de mi subconsciente. Y me tocó reeducarme. Deconstruir todas y cada una de las enseñanzas perversas de antaño.


Después de haber interiorizado el love is love y cuando empezaba a pensar que en España los derechos LGTBIQ+ eran respetados, que la homofobia o la transfobia quedaban relegadas a pequeños reductos sociales que estaban acobardados ante la bandera del arcoíris, murió Samuel. No, nos podemos olvidar de él. Pero no fue algo aislado, los ataques homófobos se sucedieron en estos dos últimos años e incluso unos cuantos salvajes ocuparon el refugio LGTBIQ+ por excelencia al grito de ¡Fuera maricas de nuestros barrios! ¡Fuera sidosos de Madrid! Ahí mi corazón se encogió de nuevo y volví al pasado.


Un ataque más a un colectivo ensangrentado que no para de recibir hostias metafóricas y otras que no lo son tanto. La última viene de parte del partido de extrema derecha VOX que no cesa en sus intentos de agitar al populacho, a los ejecutores de sus ideas basadas en el odio. Hace menos de una semana el líder de Vox en Cataluña, Ignacio Garriga, ha pedido que la sanidad pública en España cuente con "especialistas que puedan ayudar" a los homosexuales que "tengan dudas" sobre su orientación sexual. Según este “individuo” defienden la libertad. He ahí la paradoja. ¿Somos libres o quieren volver a instruir la tan manida plegaria de la salvación?


Ante todo este cóctel molotov no nos queda otra que salir a las calles, expresarnos y reivindicar que no nos vamos a ir a ningún lado. Tal y como dice Lady Gaga, I BORN THIS WAY.


“No matter gay, straight, or bi', lesbian, transgender life I'm on the right track, baby, I was born to survive”

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