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  • Foto del escritorPablo Aragón Blanco

DANIEL ROSEBERRY vuelve a hacer grande a SCHIAPARELLI

Nadie presagió hace menos de cinco años el comeback de la eterna competidora de Chanel. Nadie presagió la locura entendida con la maison Schiaparelli. Y todo se lo debe a Daniel Roseberry.

SCHIAPARELLI

Elsa Schiaparelli desafió el concepto tradicional de la ropa austera, transformándola en un estilo desenfadado, pero con una elegancia única que hizo de la firma una auténtica fuente de inspiración para aquellos que estaban a falta de musas. También puede ser que se debiese a que bebía los vientos por los artistas de la época (Salvador Dalí o Man Ray) y les daba su espacio en cada una de sus colecciones. Ahora, sin embargo, el arte es Schiaparelli.


El Petit Palais de París ha sido el escenario donde los looks de Schiaparelli han vibrado llevándonos a un espacio muy exterior. En torno a ese concepto Roseberry ha mirado más allá de su prisma y de su universo y se ha propuesto colonizar Marte.

Es una mentalidad que resulta natural en Schiaparelli, donde el surrealismo va de la mano del existencialismo. Si se puede emplear la palabra "sin esfuerzo" en la alta costura, eso es lo que pareció la colección de Roseberry: una idea ejecutada a la perfección para una casa para la que era perfecta. "No parábamos de decir 'Planeta Schiaparelli': Quería hacer algo que no se pareciera a nada más. Nada más debería parecerse a esto".


Roseberry plasmó esa idea gracias a las imágenes mentales que tenemos de la galaxia basadas en la ciencia ficción. Anillos de latón saturnianos orbitaban alrededor de un corpiño de lona negra tejida con flores negras en jacquard, y rodeaban un corpiño de metal dorado que no era sólo para aparentar. Al igual que las corazas de las temporadas anteriores, Schiaparelli las moldeará en el cuerpo de la clienta. Un vestido de Medusa estrenó una nueva técnica desarrollada para la colección en la que el cuero dorado húmedo se había estirado y moldeado sobre esculturas de arcilla de los emblemas de la casa -el candado, la langosta, la paloma- que luego se habían enrejado en una alucinante jaula de joyas e incrustado con piedras de cabujón de los años 30.


Si se eliminasen todos los elementos de ciencia ficción, quedaría una serie de sofisticados vestidos negros impregnados de lo que Roseberry denominó como detalles "aerodinámicos". Y bajo el mantra de la sencillez, Roseberry dijo que “Vamos a respirar hondo y a empezar a refinar el lenguaje. ¿Cómo podemos provocar la misma respuesta emocional que obtenemos de la alta costura sin volumen y sin color?". Al final, el director creativo ha conseguido superar las expectativas de grandeza de Schiaparelli con las de algo nuevo. Daniel Roseberry y Schiaparelli son un matrimonio bien avenido que esperamos que siga la estela de la buena de Elsa, tomando como mandamiento principal su “diseñar ropa es para mí no solo una profesión, sino un arte, uno muy difícil y poco satisfactorio, ya que, nada más nacer, la prenda creada ya es cosa del pasado”.

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