¿De verdad queremos resucitar GLEE?
- Redacción Folie

- hace 10 horas
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Hay series que envejecen. Otras se convierten en clásicos. Y luego está Glee: una anomalía cultural cuya mayor narrativa terminó ocurriendo cuando las cámaras dejaron de grabar.


Ryan Murphy ha vuelto a abrir la puerta a un posible reboot después de reconocer que una nueva generación ha descubierto la serie en streaming. Sobre el papel parece una decisión lógica. La nostalgia sigue siendo el combustible favorito de Hollywood y cualquier fenómeno adolescente acaba teniendo una segunda vida. Pero Glee nunca fue simplemente una serie adolescente. Fue un fenómeno atravesado por una sucesión de tragedias tan difíciles de ignorar que acabaron construyendo una especie de maldición alrededor de McKinley High.
La muerte de Cory Monteith en 2013 cambió para siempre el tono de la ficción. Años después llegarían el fallecimiento de Mark Salling y, en 2020, la devastadora muerte de Naya Rivera, probablemente uno de los personajes más queridos y revolucionarios de la televisión juvenil de la última década. Entre pérdidas, conflictos internos y una producción marcada por constantes polémicas, Glee dejó de ser únicamente un musical para convertirse en uno de los relatos más inquietantes que ha producido la televisión contemporánea.
Quizá por eso resulta tan extraño imaginar un regreso. No porque falten canciones, romances imposibles o nuevos estudiantes con sueños de Broadway, sino porque el verdadero peso de Glee ya no vive en sus episodios. Vive en todo lo que ocurrió después. En esa extraña sensación de que la ficción fue incapaz de contener la realidad y terminó siendo devorada por ella.
La pregunta ya no es si Hollywood necesita otro reboot. La pregunta es si Glee puede escapar de su propio fantasma. Porque hay historias que sobreviven gracias a sus finales. Otras sobreviven porque el tiempo las convierte en mito. Y luego están aquellas que, como Glee, parecen condenadas a que siempre hablemos menos de lo que ocurrió en pantalla que de todo aquello que sucedió cuando las luces del escenario se apagaron.





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