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HILARY DUFF, pop dreams y sentirse como en casa en ME LONDON

Londres en enero tiene algo de película. Una luz gris perla que convierte cada esquina en escenario, autobuses rojos cruzando como pinceladas urbanas y ese pulso constante entre lo clásico y lo contemporáneo que hace que la ciudad nunca se sienta quieta. Llegamos buscando música, pero encontramos algo más grande: una experiencia completa, estética, emocional y perfectamente alineada con el ritmo de la ciudad.

 


Nuestra base fue ME London, un hotel que no se siente como hotel, sino como una extensión natural del propio Londres. Ubicado sobre el Strand, frente al Támesis, su arquitectura moderna y su atmósfera silenciosamente sofisticada crean una burbuja donde el ruido baja, el tiempo se suaviza y todo empieza a fluir. Desde el primer paso, la sensación es clara: aquí no vienes solo a dormir, vienes a habitar la ciudad desde otro lugar. Habitaciones amplias, luz natural entrando como si estuviera diseñada para editoriales, materiales que invitan a tocarlo todo y un equipo que convierte cada gesto en una experiencia effortless. El lujo aquí no es exceso, es precisión. Es sentirte en casa en una de las ciudades más grandes del mundo.

 

Pero Londres también es energía, y esta vez tenía banda sonora propia. Veníamos por Hilary Duff en directo, y gracias a la guest list de Warner Music (Gracias Ángel), lo que parecía un plan se convirtió en historia. Llegamos con el tiempo justo al 02 Shepherd Bush Empire, entre fans abrazando posters, cables calientes y luces afinándose, sin imaginar que minutos después estaríamos literalmente en primera fila, pegados al escenario, sin barreras, sin distancia, sin filtro. Front row, no como aspiración, sino como realidad inesperada.

 

Cuando Hilary salió, el tiempo se suspendió. Nostalgia convertida en presente, estribillos coreados como si acabaran de salir ayer, sudor, sonrisas, emoción real. Afuera, Londres seguía girando. Dentro, todo era luz, música y memoria colectiva.

 


Después, la ciudad. Calles mojadas reflejando neones, Soho vibrando bajo capas de conversaciones, esa sensación de que Londres de noche no posa, simplemente existe. Caminamos sin rumbo, dejando que el pulso urbano terminara de absorbernos, hasta volver al ME London, donde el contraste fue perfecto: silencio elegante, luz cálida, calma envolvente. Entrar al hotel después de un concierto así se sintió como cambiar de dimensión. Como volver a casa, pero en otra ciudad. Ahí está la magia del ME London: su capacidad de sostenerte entre el caos y el descanso, entre la experiencia y el refugio.

 

La mañana siguiente despertamos con Londres entrando suavemente por los ventanales. Pensé en la noche anterior, en la primera fila, en cómo lo extraordinario no había sido solo el concierto, sino todo lo que lo rodeaba: el trayecto, la ciudad, el hotel, la narrativa completa.


 

Un todo en uno que me hizo recordar el Londres que siempre amé y amaré. Gracias Hilary Duff y gracias Me London.

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