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  • Foto del escritorPablo Aragón Blanco

INTERVIEW: El savoir faire de OTEYZA

“El problema es que en España no se vende”

Bajo el paraguas de “Madrid es Moda”, Oteyza nos muestra la clara defensa del oficio de la sastrería española, asegurando de este modo el futuro de la marca España. Con su buen savoir faire consiguen mostrar sus colecciones en una de las pasarelas con más eco en todo el mundo, la de París. En la última colección "Marinas", Oteyza, marca fundada en 2012 por Paul García de Oteyza y Caterina Pañeda, planteó un homenaje a los paisajes atlánticos y las marinas del pintor abstracto Nicolas de Staël, muy admirado por los creadores. Un delirio bien formulado que deja las palmas de las manos en carne viva.

Por todo ello, hemos querido conocer de primera mano cada una de las inquietudes de este dúo llamado a la gloria. Un tiempo entre costuras, patronajes y mucho amor derrochado en una tienda donde les encontrarás haciendo sastrería tradicional a medida.


Oteyza fue premiada en 2021 con el Premio Madrid Capital de Moda, otorgado por el Ayuntamiento de Madrid y ahora repiten en este evento que centra su mirada y la emoción en los artesanos que cada día construyen la moda de autor española, aportan valorar diferencial y trabajan desde la preservación, el respeto y la sostenibilidad.


CAMINAR ES EL RECUERDO Y CORRER ES EL OLVIDO

“No se trata de disfrazar, se trata de crear una nueva cultura masculina”


¿Cómo surgió Oteyza?


Cuando empezamos nos dedicábamos a otras cosas. Yo trabajaba de freelance y podía trabajar para mí, pero queríamos dedicarnos a la artesanía. En aquel entonces el sastre donde se hacía Paul las camisas se jubilaba. Tenía un local maravilloso y un día Paul llegó a casa y dijo: ‘Montemos una sastrería’ a lo que le respondí: ‘¡tú estás loco! ¿cómo vamos a abrir una sastrería?’. En mi familia siempre ha habido sastres y Paul ha estado ligado con la oveja merina por tanto teníamos esa sensibilidad, pero no habíamos estudiado moda. Después de una botella de Rioja nos lanzamos, empezamos la casa por los cimientos, con una tienda en contacto directo con el público y cuya máxima era vender. Y aún así a día de hoy lo sigue siendo.


¿Fue una botella o fueron varias?


Fue una, pero en esa época cayeron muchísimas más. Estábamos muy nerviosos, no le dijimos a nadie que habíamos abierto una sastrería. Ahora tenemos 10 años de trayectoria y hemos tenido que aprender a base de disgustos y glorias, porque es como se aprende. Hacíamos el curso de sastrería de 20 a 22h, o sea, una paliza. Entonces llegamos a casa a las 10 y pico y caía casi una botella diaria… (risas ahogadas). Luego empezamos a partir de ese año a ir a Florencia, a Pitti Uomo, lo cual nos dio bastante apertura mental y nos dimos cuenta que teníamos que hacer sastrería española.


¿Cómo aprendisteis el negocio?


Nos matriculamos en sastrería con el fin de profundizar sin ánimo de ser sastres puesto que es un oficio que requiere 10 años de taller, pero por lo menos para conocerlo y para saber gestionarlo. Además, nos supimos rodear de los mejores artesanos.


Poco a poco…


Totalmente. Nos metimos en la tienda que nos roba mucho tiempo de creación porque trabajamos con citas, trabajando a medida, aunque estamos cada vez más enfocándonos en el Prêt-à-porter. Llevamos un tiempo pensando que tenemos que reeducar a nuestros clientes e invertir la pirámide. La sastrería está en la cúspide y en el suelo el Prêt-à-porter. Nuestra intención es darle la vuelta. Y aunque tenemos la suerte de estar en contacto con nuestros clientes y tener ese feedback directo, que es un privilegio, aunque nos robe todo el tiempo del mundo, queremos ampliar horizontes.

¿Ha crecido mucho la plantilla desde que empezó Oteyza?


Sí. Ahora estamos ampliando un poquito la plantilla en la medida de lo posible, porque si algo hemos hecho desde el principio es ir muy despacio. Creemos que no hay atajos, pero al final los pasos hay que dar uno a uno y con tesón bien dados, pero con calma porque al final es como los puedes reflexionar y como los tienes que dar y además porque te llevan por el camino que tienes que ir. Caminar es el recuerdo y correr es el olvido. Al final todos queremos correr mucho y cuando corres mucho no te da tiempo a percibir las cosas de la misma manera.


¿Cuándo decidisteis, en qué momento y por qué empezar con el Prêt-à-porter?


Porque entendimos que teníamos clientes globales que no podían venir a la tienda todo lo que quieran y había cierta demanda de vestirles. También entendimos que no todas las piezas que hacíamos podían ser de pre Prêt-à-porter, es decir, no queríamos ser una tienda online de sastrería, puesto que eso no funciona a los niveles de calidad que nosotros entendemos que exigimos que hay que tener. Pero sí que había ciertos patrones que encajaban muy bien en el Prêt-à-porter y también porque empezamos a ir a Pitti Uomo como expositores y claro, ahí no podías vender sastrería. Al final queríamos internacionalizarnos con el fin de vender.


¿Dónde está el alma de Oteyza?


Está en el amor por las cosas que hacemos, por las cosas bien hechas, por la alta artesanía, por la moda española, y por la transversalidad de música, danza, pintura y todo lo que miramos, incluso naturaleza, pero creo que el alma es la transversalidad, la calidad, la calidez y que las cosas tengan sentido para que se vendan.


¿Tenéis como referencias tendencias actuales o creáis a partir de vuestras propias ideas?


A partir de nuestras propias ideas. Tenemos gente que nos inspira mucho, aunque no sé si al final se traslada a nuestras colecciones. No seguimos en absoluto las tendencias, somos outsiders. Hemos nacido en una base sartorial y hemos ido derivando a los códigos de belleza masculinos, proponiendo pues nuevos caminos en una nueva visión de la belleza, masculina e incluso femenina. Crear una nueva imagen, una visión de la moda masculina con muy fuerte identidad en raíz y con una visión internacional.


¿Cuántas horas le dedicáis al proceso creativo? ¿cuántas horas van a vender?


La verdad es que no sabría decirte porque no tenemos nada organizado. Hay momentos más fuertes de creación porque tienes que tener unos tiempos de producción para poder realizar las colecciones para presentar en París. Nuestra idea ahora es un poco intentar organizar mejor ese tiempo. Lo que más se lleva es la tienda y luego la familia, afortunadamente somos dos. Somos pareja y nos deja despacio a poder compartir y poder dividirnos las tareas.

¿Las discusiones en el trabajo se llevan a casa?


Continuamente. Lo llevamos muy bien, adoramos nuestro trabajo y no nos importa estar hablando, obviamente tenemos vida y hablamos de muchas otras cosas, pero sí, el trabajo está siempre presente.


¿Qué función tenéis cada uno durante ese proceso de creación?


Tareas muy repartidas. Estamos los dos en todos los procesos. Es verdad que Pol está realizando bastante patrones últimamente, pero siempre al final vienen de ideas en común y yo soy supuestamente la que se dedica más al color, pero al final siempre hay una puesta en común de todo y siempre nos nutrimos el uno al otro.


¿Alguna vez habéis chocado creativamente de manera extrema?


Chocamos. Somos personas muy diferentes, pero eso al final nos hace esforzarnos más y llegar a un punto común mucho más interesante que el punto primigenio.


¿Cuándo fue la última vez?


En todas las colecciones siempre hay un choque, pero está muy bien porque al final acabamos encontrando el punto intermedio. Es lo bueno y malo que tiene crear con tu pareja, que tienes una confianza y al final te dices muchas cosas. Está muy bien porque limpias mucho, no haces algo que no quieras hacer.


¿Hay una nueva masculinidad donde Oteyza encaja?


Claro, yo creo que el hombre ya estaba cansado. Se han constituido cambios en la sociedad que han hecho favorecer ese impulso del hombre en su forma de vestir, en su forma de actuar. Necesitaba también una serie de firmas que lo acompañaran en ese camino desde una transición tranquila equilibrada hacía un componente más transgresor. Hay que hacer soñar y volar al cliente, pero hacerle también creíble, no disfrazarle. No se trata de disfrazar, se trata de crear una nueva cultura.

¿Qué necesita una marca para vender?


El problema es que en España no se vende. Tenemos un talento impresionante que no tienen sus propias firmas y que crean para otros. Hay que educar en las escuelas a salir al mercado lo antes posible. Que te das un tropiezo, pues te darás millones, pero no empieces con premios en la EGO, con premios no sé dónde, porque eso es lo que haces crear monstruos, que al final si van fenomenal, pues fenomenal, pero normalmente no va fenomenal porque no puedes crear una estrella si todavía no ha pisado la arena.


¿La moda española esta al alza o a la baja?


Al alza, por lo menos la que nos compete a nosotros. Yo creo que estamos en un momento de dar nuestro impulso, de dar nuestra imagen. La gente está deseando de tener marcas con relato fuerte y una identidad potente, una cultura de marca no fabricada, imbuida por el alma y por la propia génesis de los diseñadores y de la cultura de la empresa.


¿Tenéis en cuenta la sostenibilidad a la hora de diseñar?


Claro, no es que tengamos en cuenta, somos sostenibilidad. Una sastrería no se entiende si no es sostenible. Los paños, las formas de trabajar, la durabilidad de las piezas, la costura… no es una compra rápida.


Marinas fue la cuarta colección que presentaste en París. ¿Si no estás en París no eres nadie?


Sí que puedes ser alguien, pero si además estás en París, te puedo asegurar que si eres alguien. No hay un camino concreto para llegar a desarrollar tu marca, pero si hay puntos donde es importante estar o por lo menos en algún momento.



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