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  • Foto del escritorJavier Gómez

De GRANVILLE a SUSSEX, así fue la colección DIOR Men SS23

La Tour Eiffel es para París como Kim Jones es para Dior, es decir, un sueño. Ambas, maravillas ejecutadas por seres humanos de otro planeta. Así es Kim, el director artístico de las colecciones masculinas de la firma francesa es capaz de acaparar toda la atención de la París Fashion Week con su ingenio y creatividad.

Un jardín en todo su esplendor con dos imponentes casas a sus extremos fue la localización poética que Dior eligió para presentar su nueva colección Menswear SS23. El entorno perfecto para unir el pasado con el presente y el futuro de la casa.


Un viaje en el espacio y en el tiempo que fue desde Granville (en Normandía) — lugar de nacimiento de Christian Dior — hasta Sussex (en el sur rural de Inglaterra) — residencia campestre del artista del Grupo Bloomsbury, Duncan Grant. La vía insuperable para entrelazar el patrimonio de Monsieur Dior con las historias personales, su legado, lo privado y lo público y el paso del tiempo. Y es que, de alguna forma, K.J. también estuvo presente en ese enclave idílico a través de su pasión por el senderismo, los viajes y el aire libre.

La colección se proyectó con una paleta de colores que parecía haber sido extraída directamente de los pigmentos de las flores que adornaron la pasarela. Una variación de grises, rosas, pasteles, azules y verdes que ya forman parte de la herencia inherente de Dior. Las prendas, evocaron el espíritu tradicional de la marca y se entremezclaron con un aire contemporáneo casi sin esfuerzo. El traje sastre de doble botonadura fue la pieza indiscutible de la propuesta y del savoir-faire de sus artesanos. Los abrigos se combinaron con pantalones cortos con cinturillas dobladas, y su distintivo cannage se dejó ver como acolchado utilitario. Los plumíferos de algodón se colaron sobre chalecos técnicos, y los bocetos de Grant se tradujeron en complejos tejidos a mano. El emblemático bolso Saddle se colocó en los trajes, así como mochilas y riñoneras que reflejaron una esencia aventurera en un plano urbano de lo más apetecible.


Una oda a la naturaleza, a la flora, a los recuerdos y a la nostalgia de un Jones que demostró, una vez más, su pasión por el arte y por la perfección visual. Una historia y una visión bucólica que no estuvo lejos de una realidad presente. Porque, señoras y señores, el Dior de Kim Jones es capaz de elevar al cenit a cualquiera que forme parte de su paseo metafórico, de su creación y de su talento.

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