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  • Pablo Aragón Blanco

INTERVIEW: ALBERTO VELASCO: “He notado que hay una obsesión por la pluma”

“Todos los cuerpos son bonitos. Déjennos vivir sin poner a debate nuestro cuerpo"


Entre Tirso de Molina y Jacinto Benavente me encuentro con Alberto Velasco para hablar sobre su trayectoria y su arte que se sale de la norma y engancha. Es lo que le hace especial. No es el tan manido sota, caballo y rey.


Y aunque él en sí mismo es pura reivindicación, esta alma pura que no tiene pelos en la lengua y que ha sabido hacerse así mismo quiere hacer activismo desde el trabajo. Uno que según Alberto tiene que venir del sudor de su frente porque todavía la gente no llama a su puerta insistentemente. Al tiempo.


He conocido a un “cool kid” que no sigue los estándares ni los preceptos de esta sociedad, pero que a golpe de transgresión consigue agitar las mentes más difusas. Alberto Velasco es un hombre que cree en el fracaso, que está harto del positivismo y que odia el blanqueamiento del fascismo. Alberto Velasco es el ejemplo a seguir de las nuevas generaciones, el espejo donde debemos mirar y la belleza interna y externa posthumanista.


UN COOL KID QUE NO ES NORMA


“El fascismo tendría que estar regulado por el gobierno”


¿Cómo se te ocurrió la idea de crear “Sweet Dreams”?


Nace de la invitación de Laila Ripoll del teatro “Danza de la Villa” para crear un workshop de 20 minutos. Me propuse hablar del amor porque quería atraer cosas bonitas a mi vida, me encerré en la sala de ensayos y no me salía hablar del amor ni muerto ya que he cancelado el amor. El amor para mí es como cuando tomamos una pastilla y se te queda atravesada. Eso se queda ahí y tras llevar dos años sin actuar me dije: ‘Alberto hay que volver a las tablas’ y pensé en alargar “Sweet Dreams” sin hablar del amor, hablando de mi situación actual en el mundo. Estaba en plena crisis de los 40, perdido, sin trabajo, sin ilusión por crear, sin ilusión ni siquiera por ser actor… Tras analizar la canción “Sweet dreams” me di cuenta que habla de una penitencia y me iba como anillo al dedo. Al final, “Sweet Dreams” es un diálogo conmigo mismo.


¿Y te fustigas?


Un montón. El síndrome del impostor está continuamente diciéndome que no soy suficiente, que no soy interesante, que he pasado de moda, que quizás el resto del mundo ha descubierto que no tengo talento, que nunca lo he tenido… Creo que el sistema nos crea un poco esto para motivarnos a ir más allá y todas estas cosas de la filosofía new age que estoy muy harto. Estoy muy harto del si quieres puedes, del Mr Wonderfulismo y todas estas mierdas. Es terrorismo. El positivismo tóxico hace mucho daño. Tendemos a estar todo el rato en el lado positivo en la luz y la oscuridad es absolutamente necesaria, tenemos que abrazar nuestras oscuridades.


¿Cuáles son tus zonas oscuras?


Tengo miedo a sentirme pequeño, a sentirme poca cosa, tiendo mucho como a compararme con el resto y por supuesto salgo muchísimo peor parado. Soy muy autoexigente, muy perfeccionista y tengo toc… Vamos un todo en uno.


Hablas del síndrome del impostor, hay otro mal social que es el fomo. ¿Lo tienes?


Sí, sí, sí, sí, sí tengo todo, es verdad. El miedo de perderse algo y querer estar en todas partes y con todas las personas. Esa cosa de perderte la fiesta. Sin embargo, luego voy a esas fiestas y me encuentro fuera de lugar, es un sobreesfuerzo.


Existe la filosofía de los “cool kids”, ¿Te has sentido outsider en el mundo de las red carpets rodeado de todos esos cool kids?


Totalmente. Habito los márgenes desde que nací por muchas razones y luego incluso en Arte Dramático ya era un poquito outsider y aunque encuentras gente que obviamente hace lo mismo que tú y tienes como los mismos impulsos, mezclando danza con visual. Luego de repente haces televisión, tienes acceso a esas red carpets y quieres ser parte de esos “cool kids”. Entonces, estás interpretando algo que no te corresponde, o sea, yo no me puedo poner un traje de Gucci y ahora lo he entendido. Me he dado cuenta que tengo que respetar la persona que soy también ahí, tengo que tener una continuidad del Alberto artista con el Alberto de la alfombra roja. No puedo desarrollar algo como artista e intentar no romper con los estereotipos y luego ir a la alfombra roja con un traje de García Madrid.


Palacios fue un personaje icónico en la serie “Vis a Vis”. ¿Qué es lo recuerdas de esta producción?


Lo dices y sonrío porque hay algo que me conecta con ese actor inocente que está trabajando en una gran producción que obviamente cuando la estábamos haciendo no teníamos ni idea de lo que iba a ser, de la repercusión que iba a tener ni lo que iba a significar, pero ya me estaba viendo trabajando con Carlos Hipólito, Alba flores, Cristina Plazas, Nawja Nimri, Maggie Civantos, Berta Vázquez y era feliz. No me cansaré nunca de decir la energía tan bonita que se creó al crear esa serie y que ha continuado las cuatro temporadas. Fue algo mágico.


La danza y el arte dramático son dos disciplinas que bordas. Si te diesen a elegir, ¿con cuál te quedarías?


El arte en general sin danza se me queda un poco cojo ya que el movimiento es vida. Cuando un cuerpo no se mueve es cuando deja de haber vida y el movimiento a mí me hace mucho bien.


¿Tienes miedo a que las críticas de alguna de tus actuaciones no sean positivas?


Al principio me dolían muchísimo porque estamos hiperexpuestos y vulnerables, pero me reconcilié un montón con las críticas en general. Ni las buenas eran tan buenas, ni las malas tan malas. No voy a dejar que valide mi arte una crítica mala o que la impulse una crítica buena.

¿Quiénes son tus referentes?


Pina Bausch que es una coreógrafa alemana que cuando la descubrí en Arte Dramático me voló la cabeza. A Pedro Almodóvar, Chema García Ibarra, Javier Cámara, Penélope Cruz y Georgina Amorós los admiro muchísimo.


¿Qué es lo próximo?


Lo próximo es volver con “Sweet Dreams” que volveremos en noviembre en la Nave 73.

Ahora estoy más en mi faceta de producir. Tengo un montón de series que estamos moviendo por plataformas y esto es lo que más me divierte del mundo.


¿Te gusta más dirigir que actuar?


Sí, ahora mismo sí porque no me expone tanto. Admiro muchísimo los actores de raza de toda la vida que aguantan carros y carretas, como por ejemplo que te digan todo el rato que no eres suficiente y no eres válido. A mí me devasta, no tengo tanto dinero para terapia. Sin embargo, como creador las ideas no están tan expuestas.


¿Cómo eres?


Bueno, leal y generoso.


Escribiste el libro “Pobre, gordo y maricón”. ¿Todo ello te define?


No. Y cada vez menos. Hace dos años escribo el libro, se titula así guiado por los editores.


¿Te gustó el título?


No, No me terminó de gustar.


¿Por qué quisieron o quisiste etiquetarte?


Son tres etiquetas que son negativas, pero van hacia lo positivo y eso me gusta. Me gusta mucho ver las apropiaciones de algo negativo, pero no quería que me representará porque soy mucho más que estas tres cosas. Además, tendemos a excusarnos en lo que somos para darles respuestas a todo lo que nos pasa, la autocompasión.


¿Crees que apropiarse de adjetivos redefine conceptos?


Absolutamente, es como darle la vuelta, es ponerte en el otro lugar. Es que te dejan hacer daño incluso porque si no le estás dando el poder todo el rato al otro sobre ti, sobre tu vida, sobre tus condiciones, sobre tu validez y es algo que no puedes regalar.


Cuando escribiste “Pobre, gordo y maricón”, ¿En qué estabas pensando?


Estaba mucho más activista pensando en cambiar un poco el mundo. Acabábamos de salir de la pandemia, estaba muy reivindicativo y el libro es más político que personal, o sea, a través de mi persona. Por ejemplo, “Vaca” es un manifiesto político sobre la diversidad corporal y “El rey de las flores” es un acto terrorista queer.

¿Qué ha pasado con esas reivindicaciones?


Siguen estando, pero lo hago a través de mi trabajo.


Hablando de inclusión. ¿Has visto un cambio en las ficciones internacionales o es fachada pura?


El postureo es la primera parte para pasar la pantalla, es el cumplir el cupo. Porque ahora toca poner dos gordos, dos negros, uno mayor y a una pequeña, pues vale cumple el cupo hasta que deje de hacer falta. Hay que seguir presionando para que se cumpla el cupo porque los que mandan van a seguir siendo hombres heteros blancos de 40 a 60 años.


¿Hace falta más series como “Heartstopper” (serie adolescente queer de Netflix)?


Sí, por dios. Viene genial para los niños jóvenes que vean esta serie y vean que el amor lgtbiq+ también es bonito. Un primer amor que ojalá lo hubiésemos tenido nosotros.


Te muestras con total naturalidad en las redes sociales. Incluso, a veces publicas fotos semidesnudo. ¿Has recibido muchos comentarios negativos?


Sí, todo el rato. Aunque algunos son “positivos” que también me molestan. El clásico “¡Qué valiente! ¿Valiente por enseñar mi cuerpo? Hay un poco de gordofobia en ese pensamiento, porque todo el mundo puede enseñar su cuerpo sin necesidad de ser valiente. Es mi cuerpo y se acabó. Intento reeducar a esas personas que suelen ser amigos. También muchas caras de vómito, me dejan de seguir trescientas personas de repente… gente que me sigue por Palacios, pero se escandalizan pensando en quien es ese mariconazo que se pone en calzoncillos. He trabajado la cosa de mostrarme desnudo porque ya me he hecho más mayor y no tengo ese impulso de ser validado en redes sociales. Antes tenía un vacío de autoestima y buscaba una validación externa.


¿Ahora dónde la buscas?


Conmigo mismo. En el espejo. Es que nosotros somos nuestros peores demonios, nos metemos una tralla en busca de una belleza normativa que nos han metido en la cabeza que tiene que ser así. Doy talleres de formación y lo primero que digo es que tienes que entender que la belleza es inherente a la existencia humana porque todo lo que nos ofrece la naturaleza es hermoso. Luego está el gusto personal.


¿Crees que referentes como Lizzo ayudan?


Muchísimo y más con ese descaro, con esa tranquilidad, porque ella es así punto. Es lo mismo que hacen Rosalía o Cardi B, lo que pasa que ella tiene 80 kilos más.


¿Has sufrido homofobia y gordofobia?


Sí. Constantemente. Vivimos en un sistema que es así. A veces me olvido porque mi círculo es muy liberal, muy diverso y es donde me muevo, pero de repente paso a otro tipo de barrio y recibes miradas por ir vestido una determinada manera, por moverte o hablar de una determinada manera. Antes me percataba más de esas miradas. Ahora ya me da igual, pero convivo con ellas. He notado también que hay como obsesión por la pluma. Hay mucha plumofobia en la industria.


¿El colectivo LGTBIQ+ aparta a las personas que no tienen cuerpos normativos?


Los gays intentan representar los mismos patrones de los heteros. Es como esa obsesión por parejas, por supuesto monógamas. Es el seguir respetando estos patrones para sentir pertenencia al grupo, esos “cool kids”. El resto de las letras del colectivo tienen que hacerse tantas preguntas y enfrentarse tanto a ellas a ellas mismas que encuentran otra manera de estar en el mundo en el que todas las personas son bienvenidas y son válidas sin necesidad de debate posible.


¿Aprenden a sobrevivir?


Por lo menos construyen unas herramientas para que no les hagan tanto daño al estar en un mundo que les rechaza constantemente.


¿Intenta sobrevivir aquel que no entra dentro de la norma, incluso dentro del colectivo?


Sí, sí sí sí sí, totalmente es que todos queremos que nos quieran, es así de sencillo. Todos queremos pertenecer al grupo, sentirnos queridos, cuidados, abrazados y los estándares que pone el propio colectivo a veces son muy muy difíciles. Todos los cuerpos son bonitos. Por favor, déjennos vivir sin poner nuestro cuerpo a juicio como la señora Adriana Abenia que es un cuadro.


¿Dónde está el orgullo para Alberto?


En vivir mi vida sin tener el punto de vista de lo que los demás puedan pensar de mí. Eso es estar orgulloso de lo que soy y sobre todo pongo el orgullo de mi familia, o sea, para mí es muy importante que mi familia esté orgullosa de mí porque son los que me sostienen emocionalmente.


¿Qué te falta por hacer?


Quiero hacer más obras de teatro con mucha gente. Tengo como una obsesión con hacer una obra de teatro con muchas personas gordas en escena. Quiero verlo, no lo he visto nunca.


Si el mundo se acabase mañana, ¿Cuál sería tu frase para la posteridad?


Lo hemos pasado muy bien, se acabó la función.


¿Quién sería tu compañero para esa última noche?


De amor cero, pero sexo de follar a Pol Monen.


¿Qué te hace feliz?


Mi perra por la mañana, que venga y se ponga a dormir a mi lado y me mire con sus ojitos. También que mi amiga Sara me lleve a cenar por ahí y tener una idea que apunte y luego no sirva para nada.


¿Quién te ha roto tanto el corazón para que no quieras enamorarte?


Yo mismo. A ver también tuve una pareja fue desastrosa hace muchos años y ya esa pareja me ha hecho tener como unas alertas horribles. No le dejo a la otra persona a estar bien conmigo porque le pongo a prueba todo el rato. Antes de que me abandonen, les expulso de mi vida.

¿En terapia que te han dicho sobre esto?


Que es muy normal, que es una medida de protección y que no es malo tampoco protegerse y que la supervivencia está en eso.


¿Qué es lo que más te preocupa en el mundo ahora mismo?


En llegar a fin de mes. Es lo que más me agobia. Salir adelante económicamente en este sistema y en esta ciudad es dificilísimo. A las personas como yo no se nos da mucho trabajo desde afuera, lo tenemos que generar nosotros. En realidad, me llama muy poca gente para trabajar, pero todos me admiran un montón…


¿Tienes miedo al fracaso?


Ya no. Antes era uno de mis grandes miedos. Nos han vendido que tendríamos mucho éxito, nos vendieron que estudiando tendríamos lo que quisiéramos. Tenemos que abrazar los fracasos porque generalmente hay más fracasos que éxitos. El fracaso son oportunidades. Fracasa mucho, fracasa mejor y tendrás éxito en el futuro.


¿Cuándo fue la última vez que gritaste al horizonte?


Fue de felicidad. Un día que estaba en Madrid agotadísimo, me fui con los perros a la casa de campo y allí grité en frente del lago. Fue un alivio.


¿Crees que la España de 2022 es muy diferente de la de hace 20 años en cuestión LGTBIQ+?


No, nada. Conseguimos el matrimonio igualitario y fue como un wow, pero no, cariño, hay muchas cosas que conseguir. Por ejemplo, la educación lgtbiq+ en los colegios ha dado pasos para atrás. No hay representación auxiliar. No hay charlas, no hay coloquios, La inclusión de extrema derecha en todas las sensaciones públicas es muy peligrosa y directamente con nuestro colectivo. Creo que estamos retrocediendo.


¿El auge de la extrema derecha va a limitar los derechos del colectivo?


Ya lo está haciendo. Ya se está poniendo en debate derechos conseguidos hace 30 años y se vuelve a poner en debate ahora en los libros de texto o la bandera en el mes del orgullo. Son tonterías, pero son signos que nos están quitando que ya habíamos conseguido.


¿Por qué crees que hay un aumento de las agresiones al colectivo LGTBIQ+?


Por el discurso de la extrema derecha y por el blanqueamiento de la extrema derecha en las redes sociales y en los programas de televisión. No se puede entrevistar a fascistas como si fueran cocineros famosos.


¿Está mal dar espacios en televisión?


Me parece que el fascismo tendría que estar regulado por el gobierno. Estamos bajo el amparo de los derechos humanos.


¿El amparo de los derechos humanos está por encima de la democracia?


Sí, sí. La representación de la violencia no puede ser nunca una opción.

¿Qué les dirías a aquellos que promulgan discursos?


Que viajasen más y que conociesen otras realidades. La realidad no es su edificio en su ciudad o en su pueblo. Cuando conoces otras realidades se te desmonta todo y conectas con que todos somos personas intentando sobrevivir en un mundo dificilísimo.


TEAM

MODEL: Alberto Velasco (@albertovelasco)

PHOTOGRAPHER: Adrián Nucelaar (@adrian_nucelaar)

STYLIST: Sara Sánchez de la Morenna (@sarisan)

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